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miércoles, 28 de marzo de 2018

LOS SEÑORITOS DEL CORTIJO



Mientras que los políticos no tengan salarios similares a los de los trabajadores más humildes, demostrando que han venido a la política por su vocación de servicio público y dejen de percibir dietas y mamandurrias, así como que no tengan privilegios y se rijan por la misma normativa que el resto de trabajadores, no sabrán lo que es sentirse como un simple ciudadano o ciudadana y nunca se preocuparan de lo que le suceda al pueblo porque a ellos no les afecta directamente los problemas de la gente. Esto es de sentido común, tú para defender a la gente has de ser uno más, debes tener las mismas condiciones o los mismos problemas. Es entonces cuando los políticos se darían patadas en el culo para subsanar todo lo que perjudicara a la ciudadanía, entre otras cosas, porque ellos sufrirían los mismos problemas o inconvenientes.
Si en el momento actual, los políticos son los señoritos del cortijo y sin despeinarse se van enriqueciendo, moldeando la sociedad para beneficio propio, de sus partidos y de su tráfico de influencia de amigos y familiares, no hay urgencias que valga, no hay prisas por solventar cuestiones que solo atañen a la gente más sencilla o menos pudiente. Precisamente, mantener esta fragmentación social posibilita que los poderosos se sirvan de los más humildes y los exploten en su beneficio. Hay esclavitud pero refinada, no aparecen las cadenas físicas, pero sí mentales en forma de miedo a perder el trabajo, presiones y amenazas que algunos empresarios saben usar y expresar, casi a diario, señalando la puerta de la calle a todo aquel que ose reivindicar algún derecho que el empresario haya decidido, unilateralmente, negar a sus trabajadores.
Hay algo que nos estamos perdiendo de toda esta película que se han montado los políticos, hasta haber llegado a conseguir ese sistema privilegiado y blindado. ¿Cómo pudo ocurrir?, ¿cómo nos dejamos engañar?, ¿cómo fuimos tan confiados pensando que nos iban a representar e iban a luchar por nuestros derechos y nuestro bienestar?, ¿cómo no advertimos a tiempo que nos saqueaban mientras nos entregaban migajas de pan?, ¿cómo fuimos tan cautos que no nos dimos cuenta de su traición? El pueblo se representa a sí mismo, no necesita los favores de nadie que venga a clavarnos una espada por la espalda. Una cuadrilla de desalmados nos sale demasiado cara, lo vemos a diario, sobretodo, en los tiempos que corren, hay más corruptos que botellas de cervezas.
No creímos sus promesas y nos engañaron. Les dejamos entrar en casa y nos robaron. Les exigimos que cumplieran con sus obligaciones y nos calificaron de hacerles escraches, de ser filo etarras o terroristas y nos pagaron con los palos de los anti disturbios. Quisimos hablar, reunirnos y manifestarnos en su contra e hicieron la ley mordaza para impedirlo. Hicieron amnistías para dar impunidad a la delincuencia fiscal de ciertos amigos suyos, fue entonces cuando definitivamente se cambiaron de bando… les importaba mucho más la gente con pasta, que los trabajadores y los más desfavorecidos. Inventaron la impunidad y el manejo de la justicia a su gusto para que quedaran impunes sus delitos. Nos robaron, nos empobrecieron, endeudaron al pueblo, le metieron miedo en el cuerpo y se erigieron como los únicos salvadores de todos los males que aquejaban a la población. ¡El despropósito no puede ser mayor!

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