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lunes, 11 de mayo de 2026

LA INFORMALIDAD DE SUPUESTOS PROFESIONALES

 


    La informalidad de supuestos profesionales da lugar a que se adquieran soluciones intermedias que te den el avío. En mi caso se trataba de dar un techo a las dos motos, que las pobres las he tenido el invierno bajo sendas fundas de moto, cayéndoles toda el agua que ha llovido este año, y deseaba prolongar el techo de la cochera donde mi mujer aparca el coche, pero no ha sido posible.

    En la parcela de al lado estaban albañiles haciendo obra, y como les vi que trabajaban bastante bien, les pregunté por si me podían dar presupuesto. Me dijo que tenía que avisar al herrero con el que trabajan habitualmente, quedó conmigo en un día para verlo con el herrero, y aquel día pasó sin que nadie me dijera nada que justificara la ausencia. En cuanto pude se lo recordé y el albañil me dijo que en cuanto viniera el herrero, que lo esperaban una de las mañanas de aquella semana, me avisaría. Tampoco hubo respuesta, y después de varios días le volví a preguntar si había ido el herrero, y me contestó que sí, pero que estaba hasta arriba de trabajo. Desde entonces me olvidé de aquella solución. 

    A los pocos días en la otra parcela que linda conmigo veo a unos herreros haciendo un techo de chapa sandwich, y me pareció que estaban haciéndolo bien, así que les pregunté si podían ver una cosa que quería hacer para que me dieran presupuesto. Me contestó que al final de la mañana vendría a verlo. Estuve toda la mañana pillado con el tema, a la espera, y vino. Midió y me dijo que a la semana siguiente me haría llegar el presupuesto. La semana siguiente se pasó y nadie aparecía por casa. Pasó quizás otra semana, tal vez dos, y hablé con mi vecina para que me facilitara el número de teléfono del herrero. Ya me advirtió que era poco formal, que solía decir que iba un día y no aparecía. Aún así le llamé y me dijo que a la semana siguiente tenía que venir a casa de mi vecina a terminar el trabajo, y que me daría el presupuesto. Eso fue hace dos semanas, vinieron, terminaron el trabajo y a casa no llamaron siquiera. Abandoné, pues, esa solución.

    Mi mujer y yo comenzamos a mirar por Internet algún tipo de pérgola que cubriera las motos, que se ajustara al sitio destinado a parking de motos, que les quitara el sol y el agua. La oferta es mareante: de madera, de hierro, de aluminio, con toldo, con techo de chapa. Contemplamos algún tipo de caseta grande, a ser posible sin puerta detrás, pues yo debo pasar con la moto, dar la vuelta en la parte posterior y dejarla mirando hacia la puerta corredera motorizada del garaje. Vimos también la posibilidad de poner un toldo grande suspendido en la fachada de la casa, pero era la solución menos práctica desde nuestro punto de vista, tendría que tener una buena superficie, siempre estaría abierto, extendido, y los días de mucho aire me pondría muy intranquilo.

    Al final, como sucede muchas veces, una vecina le dice a mi mujer que han comprado una pérgola, mayor en tamaño a la que necesitábamos, pero adecuada en forma y anchura, además nos dijo que la había más reducida de longitud, exactamente de 3x3 metros, justo era la superficie que yo había estado pensando, así que entramos en la web de Carrefour, era el modelo Toscana, perfecta para la utilidad prevista y la compramos on line sobre la marcha. A los dos días, o sea el sábado vinieron a traerla, y el mismo sábado por la noche ya estaba montada, las motos debajo y el asunto olvidado.

    Siempre que necesitas un trabajo de un profesional, están hasta la corcha, no pueden atenderte, y eso hace que comprar una solución por Internet tenga sentido. Comprendo que lo que te haga un herrero, o el albañil, será más duradero, más fuerte, etc., pero seguramente también bastante más caro que la pérgola que he adquirido, así que cuando sea necesario la sustituiré y en paz.

    Seguiremos...

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