Pasan los días, los meses y los años, la humanidad sigue yendo en dirección al abismo. Lo vemos en este Planeta, siguen las guerras, el hambre, la pobreza y la riqueza, los polos opuestos, las confrontaciones entres diferentes facciones de población. Continúa la forma egoísta de proceder, la competitividad entre iguales, porque al fin y al cabo somos iguales, la misma especie, personas con las mismas necesidades básicas y un motón de cosas con las que nos han hecho soñar, inventos del mercado, del marketing y la publicidad, necesidades de vender, de hacer dinero, de generar beneficios con el trabajo de muchos que solo sacan un sueldecito para ir tirando. No se reparte la riqueza, no se establece un sistema de igualdad, no tomamos conciencia de lo que hay, no reaccionamos, y los que de momento, por pasividad colectiva, pueden tomar decisiones, no las toman, a ellos les va bien y dejan correr el agua tal como viene por los cauces que ellos han previsto, y hasta han construido.
Nadie de los que no tomaron conciencia puede hacer nada o implantar algo nuevo que nos conduzca hacia la solución de los problemas del mundo, entre otras cosas porque solo está para vivir lo mejor posible él y sus allegados, que es como actúan casi todos los que alcanzan un poco de poder en este sistema enfermo, mafioso y corrupto, que es el que rige en todos los gobiernos de este Planeta. No habrá solución real hasta que tomemos conciencia, hasta que llegue a importarnos lo que le suceda a nuestros semejantes. No habrá solución hasta que deseemos para los demás, lo mismo que deseamos para nosotros y los nuestros. No habrá solución hasta que la moneda de cambio sea el amor. Así que tres son las premisas que abren las puertas a la solución de todos los problemas en el mundo:
- Que a cada uno le importe lo que le suceda al otro.
- Que cada uno desee para el otro, lo que desea para sí mismo.
- Que llegue a amar al otro.
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