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martes, 19 de mayo de 2026

VOLVER A PRACTICAR TRIAL A LOS 67

 

    Comparto con vosotros mis pensamientos al respecto de volver a practicar trial a los sesenta y siete años. Lo sé, muchos piensan y me dicen que tenga cuidado con las caídas, que ya no soy un chaval, y tienen razón, pero es mi forma de ir al "gimnasio".

    Si te gustan las motos, si alguna vez tuviste una moto de trial, si lo viviste, si se archivaron en tu cuerpo y en tu mente las sensaciones de encarar una subida, algún escalón, pasar un río, marcar las zonas, y haber compartido todas esas vivencias con algunos amigos..., eso está ahí dentro, que es lo que me ha sucedido. Yo no necesitaba moto, ni ir en moto, hago más kilómetros que nunca por gusto, tengo dos motos: una scooter de 400 CC para hacer los recados y desplazamientos cortos. Tengo, también, una CF Moto de trail de 700 CC que la uso para salir a carretera y hacer rutas más largas, pero todo en su justa medida, nada de matarnos por la carretera ni estar todo el día fuera de casa. Al principio sí lo hacía, marcábamos rutas más largas de lo que yo deseaba y teníamos que emplear casi todo el día, pero eso se acabó, ya solo hago rutas que ronden los doscientos kilómetros ida y vuelta, tres o cuatro horas fuera de casa, y a la hora de almorzar ahí estoy sentado a la mesa con mi familia, y ahora paz y después gloria.

    Volvemos al asunto de practicar trial, ese deporte de moto que se puede hacer relajado, pues se dispone por dónde pasar, por dónde subir, dónde girar, cuánto gas se ha de dar, cómo se ha de manejar el embrague y el freno, y a sudar. Después ducha y a relajarte tras la satisfacción. Ya has ido al gimnasio, pero es enormemente menos aburrido que estar en un sitio cerrado, levantando peso, escuchando música, que quizás no te apetece, viendo gente narcisista exhibir sus músculos. Prefiero la naturaleza, estar en un lugar de tierra, rocas, agua y verde. Además, dando cancha a mi pasión por las motos, en este caso con la moto de trial. Que soy mayor, lo sé, nunca se me olvida, vivo conmigo, y lógicamente asumo el riesgo para el que me veo más o menos preparado. Precisamente por tener la edad que tengo, intento de hacer las cosas con la cabeza, no voy a presentarme en ningún campeonato, ni necesito medallas, solo hacer un poco de ejercicio, y montado en una de estas motos se hace un ejercicio moderado, te detienes cada vez que tú lo decides, contempla los alrededores, estudias por dónde subirás la siguiente vez, tratas de comprender las reacciones de la moto, fomentas el equilibrio y disfrutas... ¿Se puede pedir más a la vida?

    Nadie quiere partirse un hueso, ni siquiera lastimarse, pero tampoco lo quería el que fue a salir de su casa a dar un paseo o hacer un recado y metió el pie sin darse cuenta en un agujero de la acera y se provoca un esguince, o una rotura de tobillo, de tibia o de peroné. Nadie prevé que le vaya a suceder un accidente, pero el riesgo siempre acecha, y no por eso nos vamos a paralizar, tendremos que estar más atentos, y tener más cuidado, pero vivir hay que vivir, también entrar y salir, o hacer ejercicio, y que cada cual haga aquel que cree más le convenga. Yo os traigo un deporte minoritario, que solo necesita una moto, que se puede comprar de segunda mano a un precio bastante asequible. Que si tienes cerca de tu casa un trozo de campo, seguro que podrás marcar mentalmente tus zonas, que son los caminos que tu decides hacer con la moto: voy a subir por aquí, voy a girar allá, y voy a bajar por allí. Es así de fácil y las posibilidades son infinitas, tantas como tú seas capaz de imaginar. Un litro de gasolina vas a consumir, solo faltan tus ganas de aprender y hacer ejercicio, y como te he dicho, ¿los riesgos?, los que tú quieras asumir, nadie te obliga a hacer cosas que no estén a tu alcance.

    Seguiremos...

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