Imagen: www.motor.es
Lo de este muchacho tiene mérito, viene, como sabemos, de una intervención en un hombro y en un pie, se cae en la fase clasificatoria del Gran Premio de Hungría, levanta la moto y se clasifica para salir el primero. Corre la carrera al sprint y la gana, y no es el más joven de la parrilla, sino todo lo contrario, uno de los de más edad... ¡Qué preparación física, qué pundonor!
Hoy es la carrera larga, veremos a ver de qué es capaz este "marciano", nueve veces campeón del mundo en varias categorías. Este tío, permítanme que me refiera a él en tono coloquial, si no tiene más contratiempos: averías y lesiones, opta perfectamente y directamente al título, a pesar de las Aprilias que han hecho un fantástico trabajo de puesta a punto, y de que tiene dos pilotazos en su equipo: Bezzecchi y Jorge Martín, amén de las motos satélites de dicha marca que están yendo también como un tiro. Ya digo, a pesar de todo ello, y del coraje de otro tío, que yendo en una moto un paso por detrás, otro pedazo de piloto: Pedro Acosta, la sombra de los tres primeros en cada carrera, Marc tiene opciones, y si le respetan los contratiempos, gana el título, tiene arte todavía, hace magia sobre la moto, aunque las Aprilias se hayan puesto al nivel de las Ducatis.
Tenemos Marc Marquez para rato si le respetan las lesiones, si no sufre más accidentes en un deporte que comporta mucho riesgo, y a veces el piloto comete errores, que también, pero otras muchas hay lances de carrera que pueden afectarte sin que tú hayas hecho más que estar en un momento concreto en un lugar del circuito determinado y en compañía de alguien que es el que comete el error o fallo mecánico, como le ocurrió a Alex Marquez hace un par de Grandes Premios cuando le falló la electrónica a la KTM de Pedro Acosta.
Creo que todos somos un poco más de Marc cuando nos da estas alegrías, y no por ello nos cegamos y dejamos de apreciar el buen trabajo realizado por el resto de pilotos y equipos, pues entre todos ellos hacen que cada Gran Premio sea una gozada a la vista de cualquier aficionado. ¡Vivan las motos, carajo! Y ahora ya superada la euforia del momento, vuelvo en mí y digo que si por el bien de la humanidad, y como debiera ser lo lógico: no competir y sí colaborar, que es lo que debiera fomentar la sociedad al completo, si tienen que desaparecer esta y todas las competiciones, que así sea. En algún momento todo tiene que cambiar por el bien de la humanidad al completo.
Seguiremos...
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