Por aquello de los fuegos artificiales, le llamaré incultura artificial a la manía que tiene mucha gente de lanzar petardos, cohetes y fuegos artificiales en momentos puntuales. Lo malo del asunto es que se calientan y lanzan todas estas mierdas durante horas, y mientras tanto los animales no saben donde meterse, y los que tenemos el sueño ligero, no tenemos más remedio que esperar para dormir a que estos insensatos, irrespetuosos con los demás, acaben de divertirse.
Ya nos dirán dónde está la gracia de lanzar mierdas explosivas, que emulan un campo de batalla, un escenario de guerra en la noche. Es así, cuando no ves nada y solo estás en la oscuridad de tu dormitorio sin poder dormir, escuchas grandes explosiones, como si fueran cañones, escuchas pequeñas explosiones, pero muy seguidas, como si fueran fusiles o metralletas, se oyen explosiones más cercanas y otras más lejanas; afortunadamente nunca me he encontrado en un escenario de guerra, pero supongo que debe ser algo parecido... ¡Todo un gusto!
La perra actual, que tengo, pasa de las explosiones, ni se ha inmutado, pero sé cómo se ponen muchos animales: perros y gatos, con las explosiones. Los pobres tiritan de puro nervio, se descontrolan, no saben dónde meterse, buscan los huecos más cerrados y aislados, jadean sin cesar, los ojos parecieran que se les van a salir por el miedo que experimentan, y las autoridades no hacen nada para prohibir tan molesta y desagradable actividad ruidosa. Cuando alguien lanza un artefacto de esos, sabe que va a molestar a cantidad de personas de su barrio, pero les da igual, en esos momentos no hay respeto que valga, no hay conciencia que valga, hay egoísmo total, su propio disfrute, los demás que se aguanten, y añadirán el tópico: que es un día al año, pero me pregunto: ¿Qué derecho tienen para no dejar descansar a los demás, para perturbar su tranquilidad, o para dar sobresaltos a bebés, personas sensibles o enfermas, y animales?
Menos mal que llega una hora en la que aflojan, y solo se oye de cuando en cuando alguna explosión, a veces lejana, pero otras parece que ha sido tu propio vecino el que la ha provocado. ¡Malditas sean las autoridades que lo permiten! ¡Malditos los insensatos que no piensan en los demás por su propio divertimiento!
Seguiremos...