En el día de ayer salí en moto con Javier, el hermano de mi nuera Rosita. Este hombre vive en Guillena, así que como en una ocasión anterior quedamos en la gasolinera Repsol que se encuentra a la entrada del pueblo. Quedamos a las 9:30 h, así que salí de mi urbanización una hora antes, no porque me fuera a llevar una hora el trayecto, pero para llegar sin prisas, repostar, poner los neumáticos en su presión, etc. Llegaría un cuarto de hora antes de la hora acordada, por lo que las operaciones previstas, incluida vaciar la vejiga, fueron un éxito, y al instante llegó Javi con su pedazo de moto, "un pepino", como se le suele calificar a esas motos que no pesan demasiado y que fueron fabricadas con muchos caballos y prestaciones deportivas, es un modelo "S" de BMW de mucha cilindrada y muchos caballos.
En la ruta en sí me voy a detener bien poco, pues es ya bien conocida por los seguidores. Es una ruta que he hecho en bastantes ocasiones desde que la descubrí, tiene todo lo que se puede pedir a una salida: buen firme casi en su totalidad e innumerables curvas de todos los colores, más abiertas, más cerradas, enlazadas de dos, de tres, etc. Solo nombraré por donde transcurre, pero sin entrar en detalles de carreteras que se transitan, pues sería muy redundante, como digo ya la he descrito en otras ocasiones. Sali de la urbanización para llegar a Guillena, más precisamente, al surtidor de Repsol que hay a la entrada de dicha población, que es donde habíamos quedado en vernos. Ambos fuimos puntuales, Javi llegó repostó, arrancamos y nos pusimos en ruta.
Nos dirigimos hacia Gerena para tomar la carretera interior que tantos nos gusta que lleva hacia El Garrobo. Esa fue la primera propuesta que hice a Javi, quien no sabía cómo alcanzar esa carretera si entrabamos en Gerena, pero le dije que yo sí... ya estoy harto de transitarla, así que carretera y manta. Salimos del surtidor y cuando pasaron escasos dos minutos, y Javi creyó que la moto había tomado algo de temperatura le dio el primer arreón, aquello no es una moto, es un misil. Solo la destaponó para volver a una marcha moderada, eso sí, le quitó la tontería. Javi es un tío con cabeza, muy respetuoso con las señales de tráfico, y no alardea de moto ni te va vacilando con la misma.
Tomamos esas primeras curvas con alegría, calentando, y llegamos al cruce con la nacional, una vez alcanzado El Garrobo. De ahí fuimos hacia El Castillo de las Guardas, y de ahí seguimos hacia El Madroño. En esta localidad, como hice el sábado anterior nos detuvimos a tomar café y tostada con jamón, pero en esta ocasión, por petición de Javi, que conoce mejor el pueblo, pues su padre tuvo una casita en él, recomendó que desayunáramos en Casa Pedro, en lugar del Bar de Marcelo. Según Javi, éste tiene mejor jamón, aunque una vez culminado el acto del desayuno, yo discrepo. La semana pasada el jamón que nos puso Marcelo era superior en calidad, al de Pedro.
De El Madroño salimos por el desvío que hay unos tres kilómetros antes de llegar, o sea, que volvimos hacia atrás y nos desviamos hacia Alamo y Aznalcollar. Aunque no lo mencione, salvo los pequeños tramos que se hacen por carretera nacional, todo es curva. Llegamos a Alamo, se atraviesa dicha población, y se toma hacia Aznalcollar, son casi treinta kilómetros de pura carretera de montaña y curvas, muy divertida, pero donde hay que extremar la precaución y la vigilancia, pues en el día de ayer se cruzaron con nosotros tres energúmenos con coches mega deportivos, de esos del tipo Bughati, Ferrari y así, extremadamente bajos y extremadamente anchos, que venían con su propia competición, ocupando casi toda la calzada, que por ese tramo es estrecha de cojones, y nos hizo detenernos y echarnos casi al filo donde se terminaba el asfalto... ¡Faltó poco!, ¡El susto fue grande! Maniobramos en cuestión de decimas de segundos, pues los tres delincuentes nos sorprendieron cuando íbamos a tomar una curva de la que no había visión de su salida. Los que quieran correr de esa forma, que alquilen un circuito y corran cuanto quieran, pero que no pongan en peligro a todos los demás.
El tramo hasta llegar a Aznalcollar, es el que tiene un firme que se podría decir está en un poco peor estado, pero nada que podamos decir por aquí no paso más, ni tampoco que entrañe un peligro más allá de estar transitando una carretera de montaña y curvas, claro, con la salvedad, como nos sucedió en esta ocasión que vengan tres insensatos compitiendo con coches que ya de por sí ocupan casi todo el ancho de la calzada.
De Aznalcollar volvimos a Gerena, y en ese punto nos despedimos hasta la próxima ruta, pues Javi se dirigía hacia Guillena, y yo retornaba hacia Sevilla por una carretera secundaria que me posibilita hacer justo el camino de vuelta tal como lo había hecho de ida. Eso fue todo, una ruta magnifica si olvidamos ese incidente relatado, un rato de desayuno y charla muy relajante y reconfortante, unos kilómetros de experiencia a la mochila, y feliz de volver ambos de una pieza dispuestos para ver la carrera de Sprint del Gran Premio de Aragón. En la que por cierto ganó Marc Marquez.
Seguiremos...
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