Lo digo muy a pesar mía, no tenemos más remedio que ir creando nuestro micro mundo dentro de esta vorágine, de este caos, de este descontento, de este no saber cómo poder comprender la rivalidad de egos, que hace que no podamos entendernos con los demás. Cualquier empresa colectiva sucumbe si no hay una voz que imponga y tenga alguna autoridad, porque de no ser así hay miles de opiniones diferentes, que no está mal, sino que no seamos capaces de ordenar esas opiniones, de ponerlas en un orden lógico de prioridades, y que no seamos capaces de hacer el esfuerzo de dar el brazo a torcer, y que cada uno quiera imponer lo suyo, sus ideas o criterios, a los demás.
Esto es lo corriente, así vamos, incluyámonos todos, y así nos va. Ante tal situación, cada uno va creando su micro mundo, uno con reuniones en bares, otros yendo al gimnasio, otros montando en moto, viendo la tele, viajando, etc. Todos nos hemos buscado la vía de escape que mejor nos ha parecido para alejarnos del enfrentamiento, de la incomprensión, de la incapacidad de poder llevar a cabo proyectos colectivos, incluso para alcanzar un bienestar en nuestras vidas. Así que hemos buscado una actividad que nos produzca satisfacción, felicidad, porque no la encontramos en el día a día, esa es nuestra válvula de escape al estrés diario, a la insatisfacción del día a día, a las preocupaciones, a las facturas, a los gastos cada día más elevados, y a la espera del sueño dorado de jubilarnos. No somos felices haciendo lo que estamos haciendo, y ansiamos liberarnos de algún modo, temporal o definitivo.
Si en el centro del Planeta hubiéramos colocado el bienestar y la felicidad de todos los seres humanos y no el dinero, esto no sería lo que es ahora, la lucha por conseguir más y más salario, más y más ganancias, tener más y más dinero en las cuentas corrientes. Ser más productivos, y ahí llega toda la presión en los trabajos, las empresas quieren vender más y obtener mayores beneficios. Las empresas, por ende, presionan a los trabajadores, ejercen control, vigilan, exigen resultados, casi siempre desde la máxima de que produzcan lo más posible con el menor salario que legalmente les puedan abonar. Esto está desequilibrado, se ha perdido de vista la parte humana del asunto, todo se ha convertido en negocio, importa el dinero, la gente se aleja de los demás en base a sus ingresos, por lo que se mudan a zonas más exclusivas, sus hijos asisten a colegios y universidades más elitistas, y así se conforman núcleos de humanos distanciados de aquellos a los que consideran clases inferiores. Es el dinero el culpable, ¡Maldito dinero!, el mal de todos los males, no hace falta que lo hubieran inventado, no hacía ninguna falta. Todo se pudo plantear sin necesidad de una esclavitud, ni de unos que se sirvieran del esfuerzo de otros. Se pudo hacer algo distinto, y se puede hacer en el momento en que queramos, pero con la cantidad de buitres y cuervos, disfrazados de humanos, ¡Cualquiera lo consigue!
Seguiremos...
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