Ayer comenzó como un día cualquiera, claro está que tenía planes con la familia, pero por eso mismo, como era un día cualquiera, pues sucedió lo que puede ocurrir cualquier día sin tener nada que ver con el día que sea o hayamos convenido que sea. Y tras esto, que parece un repentino trabalenguas, os paso a contar: Ayer, como casi todos los españoles teníamos previsto un almuerzo de reunión familiar, me levanté temprano como siempre, recogí la cocina de la noche anterior, escribí mi escrito de diario y lo colgué en mi blog, en redes, etc., desayuné como cada mañana mis garbanzos (Lata de marca Hacendado de garbanzos a la jardinera, los recomiendo y no me pagan nada) con un huevo duro picado, añadiéndole un poco de pimentón molido de la Vera, saqué a dar un paseo con mi amiga pastora alemana, me duché, me arreglé, cogí la moto y me fui a visitar a mi padre, que está en una residencia de mayores en la localidad de Carmona.
Me avisan de que mi padre está desde el día anterior muy dormido, que reacciona poco, que si lo hace, enseguida se vuelve a dormir y la enfermera me advierte que él, como sabemos, no es así, que algo le sucede a pesar de que sus constantes son normales. Efectivamente, se encontraba como metido en un sueño profundo que casi le impedía relacionarse o moverse. Podía moverse, pero con trabajo, su cuerpo seguía diciéndole: detente. Interpreté que hoy el asunto era así, pero no quería dar más importancia, a mi madre, la había visto así muchas veces y nadie se alarmaba, quizás ella tuviera alguna dolencia que pudiera justificarlo, pero no en mi padre. El caso es que terminé la visita a los treinta o treinta y cinco minutos, porque solo podía estar observándolo en una silla estando a su lado, pero ahí se acababa cualquier relación entre los dos. Avisé a una de las cuidadoras para que me abriera la puerta y se hiciera cargo de llevar a mi padre al salón donde estuviera que estar a esas horas, y me marché.
Desde Carmona, voy a casa de mi suegro en Sevilla, lugar donde habíamos quedado para almorzar toda la familia de mi mujer, mis hijos, nietas, sobrinos, cuñados, etc. Allí estaban mano a mano, mi esposa, su hermana y su hermano, preparándolo todo, cortando la carne, y los embutidos, repartiendo bandejas a tutiplén, pues como saben, en estas ocasiones se pone comida para un regimiento, y hay que pasarse siete días comiendo lo mismo para agotarlo, o bien hay que repartirlo, porque hay comida para una tropa entera. Me suena el móvil, llaman de la residencia de mi padre, justo donde había estado media hora antes y me dice la enfermera que ella cree conveniente que se traslade a mi padre al hospital para que lo valoren, que había venido el médico de guardia del Centro de Salud de Carmona y lo había prescrito, así que no me quedó más coj... que despedirme de la familia, de los pocos que había llegado por aquel entonces, desearle lo pasaran muy bien, y coger la moto de nuevo dirección a Carmona.
Esperamos un rato que llegara la ambulancia y nos llevó al Hospital Universitario Macarena de la ciudad de Sevilla. Cuando llegamos sería alrededor de las 15h. y tras hacerles muchas pruebas, incluso Tac de cabeza para descartar un trombo, ictus o derrame cerebral, esperar casi ocho horas en la sala de espera sin noticias de ninguna clase, llaman por megafonía a los familiares y nos dicen que le dan el alta, que no hay ningún parámetro que justifique los síntomas que presenta, así que le observen, y si hubiera algún cambio, que se vuelva a llevar al hospital.
Menos mal que mi hermana Chari, vino y me hizo compañía, todo el día sin comer, sin querernos ir de la sala de espera, así que cuando eran algo más de las 20h nos dirigimos a la ventanilla de admisión y les dijimos que íbamos a salir a algún bar a tomar algo porque no habíamos almorzado, dejamos el número de mi móvil por si sucedía algún imprevisto, y así lo hicimos.
Ya no os canso más, se pueden imaginar, toda la familia preguntando, nosotros constantemente diciendo que no se sabía nada, nosotros mismos desinformados totalmente, pero al final nos atendieron unos médicos super atentos, muy profesionales y amables, que incluso justificaron el retraso en dar la información porque en aquella tarde habían tenido tres pacientes en parada cardiorrespiratoria y les había retrasado el poder valorar al resto de los enfermos. Ante la amabilidad de aquellos jóvenes doctores, no cabía otra cosa que aceptar plenamente el retraso.
Espero para hoy un día menos movidito, y poder salir a respirar un poco con mi moto y hacer unos kilómetros. ¡Les deseo a todos tengan un magnifico día!
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