Imagen: es.euronews.com
¡Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen! Esta frase la leí ayer en una red social, y no puedo estar más de acuerdo con ella. Ya he hablado de esto en otras ocasiones, no es nada nuevo mi rechazo, seguro que también el de todos ustedes. Hay que ser muy bruto o estar mal de la cabeza para ser partidario de tan funesto proceder, sobre todo, porque con la inteligencia que se nos presupone, deberíamos resolver las diferencias hablando, proponiendo, cediendo algo cada una de las partes.
¡Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen! Todos debieran ser juzgados, encerrados por vida, son asesinos por mando, por dar ordenes para que personas inocentes, ciudadanos normales de un país, llevados a la fuerza muchos de ellos a los frentes, disparen y asesinen a otros ciudadanos de otro país, que son iguales que ellos, que casi ni les van ni les vienen los intereses que tengan las autoridades, los primeros ministros y todos sus palmeros. Es fácil organizar una barbarie desde un despacho, sin dar la cara, sin exponerse, desde dentro de un bunker, rodeado de decenas de guardaespaldas, como auténticos cobardes, incapaces de defender lo que tanto propugnan, todas las amenazas que infieren contra el otro, obligando a que padres de familias, hermanos e hijos, tengan que perder la vida por una causa ajena a ellos, que días antes trabajaban en sus fábricas o empresas preocupados por los mensajes insensatos que proferían sus líderes políticos al borde de la locura y la desmedida ambición.
¡Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen! Estamos en momentos de tecnologías que nos dejan con la boca abierta. Existen máquinas capaces de realizar tareas impensables. Hay avances en investigación médica, que son sorprendentes. La humanidad podría vivir mejor que nunca, si todos quisiéramos. Y nos salen estos cánceres humanos en forma de primeros ministros, presidentes, reyes, o el cargo que ocupen, con mentes asesinas, a orquestar invasiones, desestabilizaciones, creando males y dolor, muertes y hambre, miseria y destrucción, o sea, todo lo peor que podamos pensar, y no les sucede nada a ellos como autores de lo más malvado. El resto del mundo asiste en silencio, no tiene competencias, el orden mundial, las organizaciones mundiales e internacionales no tienen coraje, tal vez tampoco haya una legislación que las legitime, para capturar a esos líderes y apartarlos de la circulación para siempre jamás.
¡Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen! ¡Maldito el negocio de la guerra y las armas! Y todos aquellos que avivan el fuego para vender tan mortal producto. El desarmen mundial debiera ser algo que se debiera hacer con una sencillez pasmosa. ¡Que todos fundan sus armas! ¡Que todos desconecten las que estén en modo pasivo, pero a la espera solo de que alguien pulse un botón! No más armas, y sí un trato más humano, más considerado, más colaborativo, más respetuoso, más transparente y solidario. Se puede hacer hoy mismo, ¿Quién paga las muertes de millones de inocentes? No hay forma de compensar tal desastre, tal tragedia, pregunten a sus familias. Todo no se puede firmar y ordenar en clave de negocio, es tiempo de dar, de ayudar, y de amar... ¡Nos va a ir mucho mejor!
Seguiremos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario