Hace una semana hice una ruta en la que venía mi vecino Víctor, y me comentó que su hijo había comprado una moto de trial usada por un precio bastante asequible. Eso quedó ahí, pero como resulta que yo llevaba varias semanas, que al caminar con mi perra junto al cauce del riachuelo que pasa junto a la urbanización, que era donde años atrás he pasado ratos maravillosos con mi moto de trial que tenía entonces, pues me iba calentando, y yo me imaginaba cómo sería tener ahora de nuevo una moto de esa especialidad.
Años atrás, como he referido en otras ocasiones y otros escritos, en una de esas etapas en la que estaba retomando el tema de las motos, opté por comprar una moto usada de trial, concretamente una Montesa Cota 315R, que me dio un año o poco más de diversión y aprendizaje o recuerdo, pues cuando era joven tuve una Bultaco Sherpa 250T nueva, así que en el tema de trial, de algún modo estaba iniciado. Cuando con la Montesa estaba al día, o creía estarlo, encargué una Gas Gas TXT Pro 280, nueva, y la conservé unos cuatro años, hasta que necesitaba arreglos, incluso abrir el motor, y yo no tenía los medios económicos suficientes en ese momento por circunstancias de la vida, así que la vendí, y hoy me acuerdo mucho de ella.
El caso es que hace dos días escucho, desde mi jardín, al hijo de mi vecino Víctor hablando por teléfono con un amigo suyo y le decía que iba a salir a probar la moto de trial, y dejé de inmediato de hacer lo que estaba haciendo, regando a mano varias macetas y un arriate. Salí de casa y me puse delante de la puerta de mi vecino. No tiene timbre ni campana, así que llamé con mi móvil a su madre para que me dejara entrar a ver la moto de trial, y se me cayeron dos lagrimones, era la misma moto, el mismo modelo exacto que yo tuve... una Gas Gas TXT Pro 280. Terminó de ponerle un poco de gasolina mezclada con aceite y la arrancó, a mí me pareció estar escuchando música celestial, me transportó de inmediato a otro tiempo, y casi a otro lugar, podía ver zonas por donde pasar con esa moto... ¡Guau!
Ayer venía con mi mujer y mi perra de dar un paseo por el campo, y cuando entramos en la urbanización, veo a Víctor hijo venir hacia nosotros montando la citada moto, el boom, boom pausado e independiente que emitía su escape volvía a elevar mi ilusión por encima de la media que suelo mantener en el día a día. Mi mujer que se da cuenta, dijo: "Ve con Víctor, yo me vuelvo sola a casa". Cogí a mi perra y me dirigí hacia dónde iba él, que era al cauce del riachuelo. Allí le vi subir y bajar varias pendientes, bueno yo iba en la moto de algún modo mental, conozco el tacto, lo que se siente subido en esa moto, cómo empuja, cuáles son sus reacciones, etc. ¡Cuánto me acuerdo de mi moto de trial! Prometo que cuando paseo, desde semanas antes de que Víctor hubiera aparecido con esa moto, yo me imaginaba comprando alguna moto de trial usada que apareciera en mi camino, porque el escenario invita a ello. Así que me he quedado con un par de palmos de dientes.
Seguiremos...
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