domingo, 17 de mayo de 2026

LAS DOS RUEDAS

 


    El amor a las dos ruedas, creo que es fabricado y me explico: Cuando éramos pequeños, había familias que siguieron la tradición de comprar a sus hijos el típico triciclo y, posteriormente, la bicicleta, incluso varias tallas, según sus hijos iban creciendo, y las de los mayores iban pasando a los más pequeños. Sin embargo, había otras familias que nunca compraron bicicletas, pues no consideraban que fuera el juguete ideal, les tenían miedo a que sus hijos fueran sobre dos ruedas, o bien por comodidad, porque Vivian en pisos altos, o pisos pequeños y no disponían de un rincón para dejar las bicicletas, el caso es que sus hijos nunca tuvieron bicicletas. Esos niños, parecían no echarlas de menos, después tampoco ansiaban sacar el carnet, no tuvieron motos, y muchos ni siquiera quisieron sacar el carnet para circular con coches. He conocido algunas familias así, personas alejadas de los motores en todas sus versiones, y eran esas familias que nunca compraron una bicicleta a ninguno de sus hijos.


    Recuerdo que a mí me compraron con algo menos de tres años el famoso triciclo, y claro que cuando fui creciendo llegaron las bicicletas: la Derbi Rabassa azul, después la GAC roja, y además me pirraba por montarme en la bici de carrera de mi primo Manolito, cada vez que venía a visitarnos. Cuando todavía no tenía edad para conducir motos me encantaba mirar, escuchar los motores, ver cómo andaban las diversas motos que se ponían en mi campo visual, recuerdo algunas Ducatis de algunos vecinos, las Montesas Impalas, las Ossas, las Derbis, los Vespinos. Recuerdo cuando comenzó el auge de las motos de campo: Se veían Bultacos Lobitos, Bultacos Sherpas, Montesas Cotas, Ossas Mike Andrew, y llegaron las motos de todoterreno, que pasaron a llamarse motos de enduro: Las Bultacos Fronteras, las Montesas Enduros, las Ossas Super Pioneer, las Ossas Deserts, y los más atrevidos matriculaban los modelos de Cross, que eran algo más rabiosos.


    Yo soñaba con tener algunas de esas motos, comenzaba a comprar revistas de motos, dibujaba motos, me atrevía a diseñarlas, las motos se fueron metiendo en mis venas, en mi cerebro y en mi cuerpo entero. Mi historia motoril está en tres escritos que escribí en este mismo blog hace unos años, y aunque hubo periodos en los que por razones varias prescindí de tener moto, sigo montando en moto, ahora tengo tres unidades: una scooter de 400cc, una trail de 700cc, y una de trial de 250cc. Monto en moto todos los días, o voy con la scooter a hacer algunos recados, o hago alguna ruta con la trail, o me hago unas zonas con la de trial. Algunos amigos me dicen que cuidado con los huesos, que a mi edad no se curan como cuando uno es joven, pero si pienso en ello no hago nada, y no quiero que el miedo me acongoje y, mucho menos me paralice, o me deje sin practicar aquello que me hace tan feliz, y que tanto me llena.


    Ir en dos ruedas se aprende cuando somos pequeños, aunque como he expuesto ha habido niños que no aprendieron porque sus padres no consideraron que fuera una diversión adecuada para sus hijos, o no sabían dónde iban a meter las bicicletas en sus viviendas. Creo que eso es lo que les ha apartado de la afición a las dos ruedas, que buena parte de la población ha experimentado en algún momento de sus vidas, aunque posteriormente y mentalmente, la apartaran de sí por razones de seguridad o de miedo.

    Seguiremos...

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