Ustedes se preguntarán quién es Andrés Sile, y yo contesto: es un chico de treinta años que aburrido de su trabajo en una oficina, de estar metido todo el día entre cuatro paredes, y tener un sueño que arrastraba desde hace años: viajar, así como que le gusta montar en moto, estando casado, decide dejar su trabajo y dar la vuelta al mundo en moto.
Es de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), y es una gozada compartir con él su viaje a través del video que semanalmente va difundiendo por las redes, yo le sigo por YouTube. Su viaje comenzó en junio de 2024 en su pueblo natal, cruzó Europa y Rusia, también Kazajistán, Kirguistán, Mongolia, China, Laos, Vietnam, Camboya, llegando a Tailandia. Desde Tailandia saltó al Continente americano, mandó la moto por avión y comenzó a transitarlo, llegando al punto más al norte, Prudhoe Bay en Alaska. Ha recorrido Alaska, Canadá, Estados Unidos y México, y en estos momentos se dispone a recorrer Centroamérica.
Lleva dos años fuera de su casa, alejado de su mujer y su familia, haciendo amistades de todo tipo, con toda clase de personas autóctonas de las zonas por las que pasa y viajeros como él, descubriendo paisajes, caminos, un viaje lleno de sorpresas que comparte con sus cámaras. Personas de las que recibe ayuda desinteresada, intentos de robo, atravesando zonas conflictivas, luchando con las inclemencias climáticas, con las caídas inesperadas por los caminos rotos, con algunas averías imprevistas, con la amenaza de animales salvajes, también gozando de una hospitalidad magnifica allá por donde pasa.
Es uno de los nuestros, es un andaluz que le ha echado casta al asunto, ha cogido los bártulos que su moto puede cargar, y se ha lanzado con una Aprilia Tuareg, constituyendo todo el "paquete", un peso cercano a los trescientos kilos, así que ha necesitado cambiar las amortiguaciones para adaptarlas a la dificultad de la ruta y a la carga. Yo tengo una Trail que pesa alrededor de 250 kilos y os confieso que es de una dificultad suprema llevarla por un camino más o menos regular, así que resalto el mérito de Andrés: llevar en sus manos un vehículo que en cuanto le pierde un poco el control te lanza al suelo. Es normal, ese peso en cuanto se inclina, solo te queda saber salir lo más limpio de la moto para no estamparte con el suelo, y Andrés casi siempre lo consigue.
Mi enhorabuena a Andrés y a su proyecto, pues está recogiendo miles de vistas maravillosas, compartiendo miles de anécdotas de todo tipo, curiosidades que Andrés va a aprendiendo de los habitantes de cada zona, leyendo acerca del país que transita, etc., y algunas desgracias menores que con ayuda de otras personas, incluso de algunas marcas que han creído y apostado por el viaje de Andrés, han comenzado a apoyarle, tanto con materiales, mano de obra, repuestos, incluso he entendido que con un apoyo monetario. De otra forma sería imposible abordar algo tan ambicioso como estar dando la vuelta al mundo en moto.
Yo soy bastante mayor que Andrés, pero es posible que en el pasado nos hayamos cruzado por las calles de su pueblo, pues es costero, es un destino turístico por su extensa playa, no la mejor por circunstancias que sabemos los que hemos veraneado en ella, y mis padres desde hace más de cincuenta años han sido propietarios de viviendas en Sanlúcar de Barrameda. Por ese motivo, pienso que es probable que alguna vez, si no hemos compartido la misma acera, sí que hemos podido pasar por la misma calle. Es por ello que me siento más cercano a Andrés y a su proyecto de viaje. ¡Andrés, mucha suerte hasta el final!
Seguiremos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario