Hoy no vais a descubrir nada nuevo, ni nada que ya no sepáis, pues es una ruta que, últimamente, he recorrido, quizás, cinco veces. No me harto de hacerla, la descubrí por la casualidad, hace unos meses quedé un día para hacer una ruta con Javi, el hermano de mi nuera Rosa, mujer de mi hijo David, y me enseñó un par de partes de la ruta que terminé de componer, en mi afán de añadir cuantos más tramos de curvas fuera posible. Javi me enseñó el tramo que une Gerena con El Garrobo, por una carretera que comienza en el mismo interior de Gerena, por lo que la gran mayoría de querer ir a El Garrobo, lo hace directamente a través de N-630, o sus actuales autovías A-66 y E-803. El otro tramo que hice por primera vez con Javi, fue el que enlaza la A-476 que se dirige a Nerva, pero que nos facilita el desvío hacia El Madroño. Ambos tramos que hice por primera vez en mi vida con Javi, son extraordinarios, pero a eso yo le añadí llegar a Gerena por el primer desvío desde N-630, o sea, por SE-3410. Y cuando se va a llegar a El Madroño, tres kilómetros antes de alcanzarlo, me dirijo hacia Alamo por SE-547, más los casi veintisiete kilómetros de curvas continuas hasta llegar a Aznalcóllar por SE-538. Es sencillamente espectacular. Y no te pierdas la carretera que va hacia El Madroño desde A-476, curvas, curvas y más curvas.
Resumidamente esa es toda la ruta, ¡impresionante!, tanto que llevo cinco salidas haciéndola. Después de Aznalcóllar hago todo el recorrido al revés, Gerena y voy buscando hacia SE-30 y enlazo con SE-20 hasta volver a A-4 y de vuelta a casa. Lo dicho, es una ruta que no tiene misterio pero sí mucha emoción, creo haber conseguido un recorrido muy motero en el que se aglutina un gran número de curvas de todos los radios, a veces en bajada, otras en subida, rodeados casi todo el tiempo, yo diría que el noventa por ciento, de paisaje propio de sierra, elevaciones, verdor, frondosidad y una línea gris que serpentea por entre sus diferentes cotas.
Una vez más he ido solo, las motos de los compañeros siguen en sus respectivas cocheras para cuando haga un mejor tiempo. Ahora no lo es por el calor, después no lo será por el frío y la lluvia. Yo me siento motero y cada vez que siento la necesidad de conducir, lo hago, tratándome de adaptar al tiempo lo mejor que la equipación me lo permite. Cada uno es feliz a su manera, y una forma de serlo, en mi caso, es sobre una moto. Hoy encontré los pines que el amigo Miguel trajo de su visita a la concentración Pingüinos, así que en su honor y deseándole una pronta recuperación, lo he llevado en esta ruta prendido a mi chaqueta motera.
Si vives por esta zona del sur de España, tienes moto y te gusta salir a rutear, trata de seguir el recorrido descrito, ¡no te lo puedes perder! El curso de curvas te lo traes puesto, sí o sí.
Seguiremos...
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