Son poco más de las cinco de la mañana, del rollo del nuevo horario del sí boana, de agachar nuevamente la cabeza toda la población ante la imposición absurda del Gobierno, y cae agua en Sevilla, que es malaleche. Estaba en la cama y me desperté con el chaparrón tan grande, y como soy tan peculiar con la cama, en cuanto me despierto sé que no me volveré a dormir, y me levanto.
Hacía falta ya una buena lluvia, una limpieza del ambiente, un riego para los campos, para los árboles y las plantas, más agua para los pantanos, que el verde vuelva a resurgir por doquier, aunque no estamos en primavera para algo sirve esta lluvia. No obstante, ya elevarán la voz aquellos a los que no les conviene, siempre los hay. Hay quienes cultivan no sé qué, que a ellos nunca les vienen bien las aguas, y mucho menos cuando cae con fuerza como lo está haciendo, y tardan bien poco en reclamar ayudas al Estado o a las compañías de seguro.
Espero que en esta ocasión no se produzcan catástrofes, que de naturales no tienen nada, casi nunca, porque aunque caiga mucha agua, el agua tiene sus cursos, sus caminos para ir a los ríos, a los mares o a los océanos, pero si el hombre listo de hacerse con dinero, especula, recalifica terrenos donde no toca, y vende tierras en zonas inundables, como ha sucedido en casi todos los confines de la Tierra, pues no nos lamentemos de las consecuencias, cojamos a esos golfos, a los que lo hicieron, y colguémoslo en la plaza mayor. No se puede ser tan sinvergüenza, corrupto, delincuente en definitiva, y que no te pase nada, que es lo viene sucediendo en la sociedad, en esta y en la de enfrente.
Es fácil culpar a la climatología que hace lo que toca cuando toca, por lo general. Y los verdaderos culpables de cañas por el mundo, con sus millones en paraísos fiscales, especulando con sus propiedades, compradas muchas veces con los dineros que no salieron, precisamente, de sus salarios, sino de lo que trincaron indebidamente, así está la política desde los tiempos de los romanos, ya se sabe, el que parte y reparte se lleva la mejor parte.
Ya sé, también, que no llueve a gusto de todos, lo dice el famoso refrán, pero estamos en otoño. Que es más incómodo moverse, ir de tiendas, hacer visitas, y no apetece salir a la calle, pues eso es lo que hay, paraguas en mano, impermeables, chubasqueros, y a no acoquinarse, como vulgarmente se dice. Y si no se sale hoy, se deja el asunto para mañana, que algún descanso se tomará el agua. La lluvia no es más que otra manifestación de la vida, y la vida no la podemos negar sino aceptar como viene... ¡es lo que hay! ¡Sed felices!
Seguiremos...
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