No sé cómo seguirá el genocidio que Israel ha cometido sobre Gaza, sobre los palestinos, ¿Ves?, el olvido me protege, me aleja del conflicto, de los problemas, me evita sufrimiento y dolor. Ya escribí hace tiempo de lo que pensaba sobre la postura pasiva del resto del mundo, de los gobernantes de todos los países frente al genocidio, que no es más que esa aberración de la conducta humana, por la que muchos miles de personas, la gran mayoría inocentes, ven cómo su futuro se esfuma, cómo pierden todo lo que tenían, ven cómo solo les queda vivir huyendo, cómo no pueden dormir ni descansar y cómo la vida se trunca o la pierden, la de ellos y la de muchos de sus amigos y familiares. Esa sinrazón, que nada lo justifica, ni siquiera la excusa de que fueron atacados por varios cohetes, ¿acaso toda la población palestina es terrorista?, cuando en España se atentaba contra agentes de los cuerpos de seguridad o contra civiles, como también sucedió, y había algunos terroristas en el País Vasco, ¿Todos los vascos eran terroristas, o acaso todos los españoles lo eran? Imaginen que Francia, supongamos, harta de los atentados y de que se refugiaran en su país ciertos terroristas, arrasaran con España, la hubieran bombardeado día y noche hasta convertirla en un amasijo de escombros, y nos hubieran aniquilado a treinta millones de habitantes, ¿se lo imaginan por un instante? Hubiera sido una locura, ¿no les parece?
Las organizaciones internacionales han callado, muchos han apoyado a Israel, y los que no se han sentido cómodos con esa postura, han sido acusados de amigos de los terroristas, ¿de qué va esto, de reírle las gracias a EEUU y a Israel, su amigo y protegido? ¿Cuánto valen las vidas de las personas para los que se atreven a destruir un país y aniquilar a toda su población? Muchas de esas personas eran normales, niños y niñas que jugaban en las calles, que iban a sus colegios, que se preparaban y estudiaban con alguna ilusión por conseguir llegar a ser lo que pretendían o les gustaba, como nos sucedió a nosotros de niños. Otras personas desempeñaban sus trabajos, iban diariamente a cumplir con sus obligaciones, otras personas se acabarían de jubilar y estarían haciendo sus planes para esa etapa de la vida tan merecida. Y llega el vecino, por los motivos que sean, nunca lo suficientemente justificados como para arrasar, destruir todo el país y tener la intención de acabar con toda su población si le es posible, por la acción de las balas, de las bombas, o por falta de alimentos, agua potable, o por frío, o por desatención médica, pues con la excusa de que se han escondido terroristas aquí y allá bombardeaban todo tipo de edificios esenciales para la protección de los ciudadanos.
Todo esto vuelve de nuevo a mi mente porque estoy leyendo un libro escrito por un joven médico que habiendo acabado su licenciatura en medicina, carrera que estudió en Irán, vuelve a su país, y a los cinco días estalla este salvaje genocidio y relata día a día todo lo que va sucediendo, cómo va ayudando con los escasos medios de que dispone, etc. Lo que ha ocurrido en Palestina es un horror que no hay forma de plasmarlo por escrito, y la pasividad mundial frente a ese genocidio, es algo sin parangón que ahí queda para la historia, para vergüenza de la humanidad, pero muy especialmente para vergüenza de los sinvergüenzas dirigentes de los gobiernos del mundo, que no han movido ni un dedo para salvar la vida de muchos miles de personas inocentes. ¡Hay tantos felpudos de EEUU y de Israel! ¡Qué injusticia más grande!
Seguiremos...
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