A pesar de seguir pensando que no debieran existir las competiciones de ningún tipo, y no se debiera llegar a los extremos de éste gana y aquél pierde, muy brevemente: reconozco que lo que se vio ayer fue totalmente justo. España no dejó hacer su juego a Argentina, que por otro lado es guarrilla jugando, entradas duras, empujones que no venían a cuento, y mucho simular que les hacían falta a sus jugadores, cuando no era así. España desdibujó al equipo argentino. Messi casi no estuvo en el terreno de juego... ¡menos mal!, porque al final hizo un par de jugadas y sacó una falta y un corne, que casi la lía.
A España se le vio todo el tiempo muy metida en el partido, con ganas, y sin resaltar a nadie, pues a mi entender todos lo hicieron bastante bien, dio muy buena imagen de equipo y organización sobre el terreno de juego. Hizo soñar a los aficionados desde el minuto uno, dominó durante todo el encuentro, y al final, como no podía ser de otra forma se llevó el trofeo. Argentina se llevó todo el tiempo con las alas atadas, no fue capaz de romper los esquemas de juego del equipo español, tenía que correr detrás del balón y hacer muchas faltas al contrario, simular faltas a favor y casi no tiró a puerta. El guardametas español tuvo poco trabajo, y la balanza no tenía más remedio que obedecer a la física e inclinarse hacia el lado del que más puso sobre el platillo.
Me alegro por el equipo, por el entrenador, por el cuerpo técnico, por el país, y celebro toda la alegría de los que siguieron los acontecimientos. A nivel de la urbanización donde vivo, no podían faltar los tontos de los cohetes y las explosiones, que lo festejaron molestando a los demás, porque necesitan hacerse notar y, una vez más, tienen que faltar el respeto al resto, que se debe aguantar con el ruido que provocan... ¡Qué vamos a hacer, tontos hay en todos lados! Lo dicho: ¡Enhorabuena al equipo español y a toda la afición!
Seguiremos...
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