El centro de lo que quiero tratar no es precisamente ir en moto, sino ir en moto para conseguir mantenerse presentes. Hemos escuchado que la vida se vive más intensamente, y es más real, cuando se está viviendo el momento presente, lo que muchas tradiciones dicen: Aquí y ahora. Pues eso sucede cuando se va en moto, a cierta velocidad por una carretera de curvas, subidas y bajadas, estrecha, con posibilidad de tráfico en el sentido contrario, siempre decidiendo cuál es la velocidad apropiada para cada giro, para cada tramo recto, con la atención puesta en lo que se hace y en los posibles conductores que te puedes encontrar en cada curva. Me he dado cuenta que es tal la atención, que no forzosamente tensión, que no hay espacio ni tiempo para pensamientos, para que la mente ande a su libre albedrio, esté flotando, imaginando, etc., solo hay el aquí y ahora, porque te la juegas de verdad.
Esto es tal como te lo digo, te bajas de la moto y comprobarás que solo había carretera, moto y tú, nada más, directo hacia el máximo de concentración, solo acción tratando de alcanzar la perfección en la conducción, la que te permite meter la moto por donde crees más conveniente, a la velocidad adecuada, con la inclinación precisa, tocar el freno lo justo, acelerar hasta alcanzar la velocidad o el ritmo que te satisface. Enlazar curvas como en una danza perfecta de un lado a otro con suavidad pero con decisión, y sientes que el montar así se ha convertido en un vuelo rasante a la calzada por la que transitas. A veces te sorprende el trazado de una curva, que se cierra más de lo previsto, otras veces llegas con una velocidad más elevada de lo que prevé tu mente y reduces bruscamente para quedarte con la moto y que no se salga de la carretera, suceden muchas cosas, pero continúas disfrutando de una conducción viva sobre tu moto. No dejas de aprender tanto del comportamiento de la moto, como de las condiciones de la vía, de tus reacciones, y todo se acumula en forma de experiencias y kilómetros recorridos.
No quiero decir que con esto te vayas a iluminar, ¿Quién sabe?, creo que no, pero al menos es una meditación de algunas horas en cada salida motera. Desconectas del ruido del mundo, de los problemas sociales, de los tuyos personales, de tus preocupaciones, de los males, y de todo lo que de algún modo te perturba y te roba la paz. No hace falta que me extienda, creo haber dicho lo esencial de lo que pretendía compartir, así que solo desearos que tengáis un buen día, y si sois moteros ya sabréis de lo que hablo, de esa atención necesaria para lidiar con el tráfico, con las curvas, con los baches y grietas en el asfalto, y volver a casa de una pieza... ¡ojalá siempre sea así para todos los moteros del mundo!
Seguiremos...
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