Es evidente que las propiedades son de sus dueños y no de los que las asaltan. Es evidente que los políticos son unos descerebrados cuando protegen a los que se saltan las leyes, a los que no respetan las propiedades ajenas, y para empeorarlo todo tienen la osadía de obligar a los propietarios, a los que les han ocupado sus viviendas, a que corran con los gastos de electricidad, agua, etc.
Yo no estoy de acuerdo con las concesiones que hacen los políticos hacia esas personas que asaltan viviendas ajenas, y menos con protegerlos frente a sus auténticos propietarios. Es por ello que me he decidido a hacer ese resumen que vengo haciendo de diversos temas sociales que incomodan y son tratados injustamente por los estamentos públicos.
En el caso de la ocupación de propiedades ajenas, el tema es super sencillo de corregir y legislar, pero si van a lo que van, a simpatizar con ciertos colectivos jóvenes en su gran mayoría, para conseguir votos, de otro modo no se entiende lo que hacen, eso o lo que dije antes, que son unos descerebrados.
En primer lugar hay que dar competencias a los cuerpos de seguridad del Estado, policía, guardia civil, y también a policías autonómicas o locales, para que actúen ante las denuncias de los ciudadanos cuando les han ocupado una propiedad. La policía debiera tener la obligación de personarse en la propiedad objeto de la denuncia, pedir documentos oficiales: contratos pasados por los registros de los entes públicos pertinentes, o bien las correspondientes escrituras a favor de alguna de las personas que se encuentren en el interior de dicha propiedad. Si los supuestos okupas no tuvieran esos documentos acreditativos: ni contratos de alquiler, ni las escrituras que justifiquen su ocupación; deben ser sacados del inmueble inmediatamente y puestos a disposición judicial por haber asaltado una propiedad.
Tal como es lógico para mí, deben pasar a prisión provisional y exigírseles los gastos de cerrajeros, así como de los desperfectos ocasionados al continente como al contenido de la propiedad, más los gastos de agua, luz, gas, etc., correspondientes al periodo de tiempo que duró la ocupación. Es evidente que no deben recobrar la libertad hasta que la deuda haya sido resarcida a los propietarios del inmueble asaltado. Como no tendrán con qué responder, económicamente hablando, es cuando se entiende, como ya recogí en anterior escrito de Mi ley de Instituciones Penitenciarias, que las prisiones deben ser reconvertidas con urgencia en fábricas, en industrias, para evitar el gasto del mantenimiento de los reclusos, que lo generen con su trabajo y que éstos puedan saldar sus deudas con la sociedad, y en este caso, por los daños ocasionados a las propiedades de terceras personas.
La excusa de los malos e inútiles gobiernos siempre es que son familias sin recursos, pues que construyan más viviendas para ofrecerlas con alquileres sociales, a bajo precio, y viviendas para vender a precios de coste, sin procurar beneficios, después de todo se construye con el dinero de todos los españoles, no con el suyo. Y los gobiernos no son negocios privados que deban generar beneficios para que los políticos se los repartan, sino para hacer el bien común, y procurar el progreso del país. Ya sé cuál es el problema por el que no acceden a hacer lo que indico en este párrafo, porque entra en conflicto con las constructoras, inmobiliarias, etc., pero los gobiernos no debieran estar para facilitar a los dueños y accionistas de las empresas privadas que se forren. Hasta que no se entienda que los negocios privados se han colado por la puerta de atrás, que no son necesarios, que todo lo podemos conseguir entre todos nosotros con solidaridad y convencimiento de que actuamos colaborando para vivir mejor, y para ello la partida de indecentes en cargos de poder se han de ir más bien a la cárcel, y se les debe exigir la devolución de lo que nos llevan robado.
Creo que lo esencial de este suceso frecuente y temido por los ciudadanos de bien, ha quedado resituado con lo que actualmente no se recoge en las deficitarias leyes de la partida de ineptos comiendo de lo público, que debemos soportar por la gracia de Dios.
Seguiremos...
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