Ayer noche, en Fibes (Palacio de Congreso y Exposiciones de la capital de Sevilla) se celebró el concierto homenaje al mítico grupo del rock andaluz, Triana. Triana fue mucho Triana hasta que el desgraciado accidente que sufrió Jesús de la Rosa se lo llevó por delante, él que era el alma del grupo, o al menos así lo interpreto. Y hablando de interpretación, decir que lo hicieron muy dignamente, aunque siempre se les echará de menos, y aunque la voz del teclista en algunos acordes y tonos se le asemeja, y lo hizo maravillosamente, hay una distancia, el original es el original. Actuó otro cantante, otra voz, que aunque lo intentaba, no llegaba, a mí me gustó menos. Cantaron muchas canciones seguidas, y entendí que aquella segunda voz tenía su misión, dar continuidad al espectáculo y descanso al teclista y principal voz del evento. Había una chica haciendo coro, que apenas se llegaba a percibir, se quedó en un tercer plano muy lejano. La batería era potente igual que el teclado, los dos instrumentos más destacados, aunque debo decir, yo no soy un experto y menos de música con mi mal oído, pero el teclado de Jesús de la Rosa, me gustaba más. Igual que la guitarra flamenca, no se le escuchaba lo limpia que se debiera escuchar, se le quiso sacar a un volumen, tal vez demasiado alto para las posibilidades del instrumento y no era un sonido claro, no me llenaba. El bajo estaba a poco volumen y la guitarra eléctrica igual, salvo cuando en alguna canción tomaba una posición más determinante. Se defendieron con dignidad, reconozco que trataron de trabajar muy dignamente, pero comparar siempre con el original tiene esas cosas, que se sigue echando de menos a Jesús a Tele y a Eduardo Rodríguez.
Por otra parte, no estoy acostumbrado a los conciertos, a mí no hay quien me saque de mi casa y mi urbanización, soy aburrido, ya lo he dicho en otras ocasiones, pero el volumen dentro de aquella sala, mi mujer y yo coincidimos en que era excesivo. Para nosotros hubiera sido una velada más agradable si al volumen le hubieran bajado un pelín, pensaba que la cabeza me iba a estallar de un momento a otro, y no sé cuánto pudiera contribuir lo de ayer a una futura sordera (exagerando un poco, pero no mucho).
Y lo siguiente va muy en serio para la organización de eventos en Fibes, no sé si llegarán a leerlo. En anfiteatro no debieran vender más para ningún evento los asientos 1 y 2 de las filas 0 y 1, atentos a esto que os digo por si se animáis a sacar unas entradas, no elegir esos asientos en esas filas, pues hay una barandilla por delante, justamente, de esos cuatro asientos, que impiden ver adecuadamente y sin molestias el espectáculo. Esto es lo de siempre, ¿Qué cuesta sacrificar cuatro asientos en el global de cientos o miles de asientos que habrá allá? ¿Qué supone monetariamente cuatro entradas? Es lo de siempre, que no importa lo que tenga que vivir el otro, que no se piensa en los demás, que no se busca el bien de otros.
El evento estaba anunciado para las 20:30 h, y mientras se acomodaba la gente, pues no abrieron las puertas hasta las 20 h, dio comienzo alrededor de las 21 h, y finalizó a las 23 h. Un par de horas de música sin parar, de alegría, de emociones, de recuerdos y de aplausos. No estuvo mal, vuelvo a repetir que lo hicieron muy dignamente, incluso completado con la interpretación de una bailarina, que hizo unas coreografías muy vistosas, aunque un número de taconeo, para mi gusto, que soy demasiado crítico, un poco flojo, el resto de lo que hizo, hermoso. Triana fue un gigante en lo suyo, se abrió paso en la música como un coloso, y es muy complicado estar a la altura y compararse, aunque Miguel Zajuan (teclista), nos hizo soñar e imaginarnos en más de un momento que escuchábamos al mismísimo trío eterno. ¡Buen sábado a todos!
Seguiremos...
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