Como espécimen raro de la sociedad que soy, soy de los pocos, tal vez, que considere al negocio privado como una anomalía que sea ha colado por la puerta de atrás en la comunidad que conforma la humanidad, dividida como sabemos en sociedades. Estoy convencido que mejor nos hubiera ido, creyéndonos iguales, con iguales oportunidades, repartiendo lo que el Planeta ofrece, y construyendo una existencia más digna para todos, sin que nadie se quede atrás.
Desde ese punto de vista, no tengo el sentimiento que los del dinero ofrecen, y con el que manipulan a las poblaciones, cuando dicen que cualquier reacción o acción de los gobiernos por frenar la libre inversión de los grupos poderosos, que vienen a por todo el dinero que puedan y a imponer normas y leyes a los que aparentemente tienen el poder de hacerlo en los países, va a provocar que la inversión se marche... ¿Y qué?, me pregunto, es algo que nunca debió suceder. ¿Acaso entre todos, con nuestro dinero y esfuerzo, no hubiéramos sido capaces de alcanzar cualquier objetivo que nos hubiéramos propuesto? Quizás tardaríamos un poco más, pues es cuestión de paciencia, pero que todo sea para todos, y no como ahora, que mucho es solo para los que se lo pueden permitir. Y gran parte de eso que solo se pueden permitir unos pocos es lujo, no es nada de necesidad ni de importancia, es solo para seguir incidiendo en su distancia con el resto de los mortales.
Para poner fin a esa anomalía, en mi opinión, se hace necesario incluir en la ley, la expropiación de los negocios y empresas, que siendo viables y rentables, podrían producir bienestar general a todos los ciudadanos. En esos casos, la Administración Pública debe ir adquiriendo por medio de la expropiación forzosa cada una de esas empresas e industrias rentables y provechosas para el bien de todos. Si constituimos una comunidad de seres humanos y todos tenemos la obligación de vivir bien, en paz y ser felices, pues que todo sea nuestro, no para ponerlo en manos de políticos desalmados, ¡de eso nada! Siempre al frente las plantillas propias de cada empresa expropiada para que el rumbo satisfactorio que lleve dicha empresa, continúe.
Muchos defienden que haya grupos de inversionistas haciéndose cada día con más deuda española, con más bloques de viviendas, con mayor incidencia en la vida diaria, en la organización del país, en la política, en las leyes y, otras veces, corrompiendo a cargos públicos. Yo veo en ello una pérdida de soberanía, es como si estuviéramos dejando que nos asaltasen, que nos compraran el país a plazos, y nos vamos endeudando progresivamente, en lugar de hacernos más fuerte como país. Los malos gestores, traidores y que sienten poco o nada a nuestro país, les importa un bledo las consecuencias de sus actos. Cuando tengan los bolsillos, sus cuentas y las del extranjero, a tope, se dedicarán a vivir de la sopa boba, de lo que han robado y evadido, y si este país les resulta inaguantable para sus intereses económicos, se marcharán y nos dejarán con toda la miseria que han creado.
Para finalizar, a mí me gustaría que todo fuera de los ciudadanos, no de unos y otros que se valen del esfuerzo de los demás para enriquecerse. Claro que hay que devolverles el dinero de la inversión realizada y no retornada a los bolsillos de los empresarios durante los años de actividad que lleven funcionando. Por eso sería motivo de auditar con seriedad, profesionalidad e independencia cada empresa, para establecer el importe de cada expropiación, que se corresponderá con la diferencia, si la hubiere, entre lo que el empresario invirtió y los beneficios obtenidos desde que comenzó a funcionar. Estoy seguro, que en casi todos los casos, las inversiones realizadas habrán sido superadas por los beneficios obtenidos, ganan dinero, y como dicen muchos, es que los empresarios ponen empresas para ganar dinero, pero no hay que abrir esa puerta sino cerrarla, y tener ambición por nosotros mismos, sin necesidad de que vengan otros a aprovecharse de los recursos materiales y humanos de nuestro país. Todo podemos hacerlo entre nosotros. Nosotros podemos impedir andar con la cabeza baja ante otros entes u organizaciones foráneos.
Seguiremos...
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