Muchas personas lo nombran así: San viernes, ¿qué significa eso?, ¿por qué le llaman de ese modo? Es la liberación de las labores cotidianas, llega el fin de semana, no hay que levantarse tan temprano, no hay que trabajar y se celebra. A mí me parece una realidad y una lástima al mismo tiempo, pues resulta que tenemos que estar demasiados años trabajando, y tener este sentimiento no es nada positivo. Denota que la presión, los jefes, las políticas de la empresa, el ambiente de algunos compañeros, etc., no nos satisface y solo seguimos yendo a trabajar porque es necesario conseguir unos ingresos para vivir, o sea, hemos aprendido a soportar, nos aguantamos, aunque en el fondo estemos a disgusto y quisiéramos estar empleando nuestro tiempo en otros menesteres.
Creo que casi todos hemos logrado un empleo, nos hemos acomodado al mismo, aguantamos y dejamos que pasen los años, pero casi nadie trabaja en lo que verdaderamente le gusta, y eso produce daño y vacío en el fondo. Dedicamos nuestra vida, o gran tiempo de la misma a realizar labores de un modo casi automático, pero que no despiertan en nosotros el deseo de estar desempeñándolas, no nos dicen nada o casi nada, tal vez no sepamos para qué hemos nacido, qué hemos venido a hacer a este mundo, quizás tampoco nos hemos preparado o especializado en algo, y si lo hicimos, puede que lo hiciéramos de un modo un tanto inconscientes, aún no nos habíamos definido, estudiamos forzados, sin convencimiento, sin verdadera vocación y definición de lo que se nos venía encima, y a lo que íbamos a dedicar nuestras vidas.
Si no te puedes contestar a la pregunta de a qué quisieras dedicar tu vida, tal vez tengas que pasarla aburridamente, unas veces más alegre y otras sintiéndote más infeliz, porque no estás donde te corresponde y quisieras estar. Maduramos lentamente, quizás demasiado, por eso no estudiamos lo que es nuestra verdadera vocación, porque cuando llegamos a tener que elegir, no sabemos qué queremos, qué sentimos, no nos hemos definido, esa responsabilidad no nos tocaba todavía, estábamos en otra cosa, éramos aniñados, despreocupados, no habíamos sopesado la importancia de tomar uno u otro camino. Además, siempre se da la circunstancia, que muchos de los que tenemos alrededor eligen por nosotros -no hagas eso que no tiene salida-, cuántos lo habrán vivido y escuchado, pero es que ese algo era su vocación, lo que más le gustaba. Haz de hacer aquello que tu quieras hacer, en lo que te sientes bien contigo mismo, a lo que no te importa dedicarle todo el tiempo del día, aquello para lo que estás dispuesto a quedarte sin comer o sin dormir si hiciera falta, aquello que te absorbe completamente, ¿algo ha de haber así para ti en tu vida?, ¡búscalo!
Estoy convencido de que cada persona tiene cualidades para algo, habilidades, pasión, y lo ideal es que empleara su irrepetible y valiosísimo tiempo en ello. Pero como está el mal mundial del puto dinero, pues ya la tenemos liada, la complicación surge y urge ganarlo para vivir, para pagar facturas, alquileres, hipotecas, servicios, etc. Entramos al círculo vicioso de ganar y gastar dinero, y cada año necesitamos más, los precios suben, todo está perfectamente dispuesto para tenernos encadenados al sistema, esclavos del mismo, engranajes de la cadena de producción del país, peones de la partida que juegan los poderosos, que se valen de nuestros esfuerzos, de nuestro tiempo, dándonos lo mínimo con lo que nos mantengan pillados y callados, para llevarse cuanto más mejor, por eso no dejan de hablar de productividad, de competitividad, etc. Hablamos de la esclavitud del siglo XXI. Bueno, que tengan un feliz viernes, ¡ánimo, que queda poco para cerrar la semana!
Seguiremos...
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