Ayer me encontré, casualmente, con el presidente. Le vi afligido, casi perdido, desanimado, con mal aspecto, yo diría que casi enfermizo. Se daba una fiesta de altas instancias, y parecía ignorado por los demás, asimismo él se aislaba en un rincón del amplio salón donde todos reían, picaban y bebían. El salón resultaba un tanto ruidoso, la música que había de fondo para amenizar, casi no se percibía entre tanto murmullo.
Me acerqué al presidente, traté de establecer comunicación con él, le pregunté cómo se encontraba, y su respuesta no se hizo esperar: "No muy bien, no soplan buenos vientos para el gobierno", fue escueto y volvió a caer en ese mismo estado distraído o perdido que momentos antes de pronunciar esas palabras, mostraba. Le dije que le comprendía, pero que habían sucedido demasiadas cosas durante sus legislaturas, y que no nos había ido muy bien a los españoles, empezando por su falta de compromiso, por su falta a la palabra dada en muchas ocasiones, por sus promesas incumplidas, y por la cantidad de asuntos sucios u oscuros que rodeaba su mandato. Le pregunté: ¿Recuerda cuando en aquel cara a cara le dijo a M. Rajoy que era indecente?, pues ahora todos los españoles, o una gran mayoría pensamos algo así de él y de todo su gobierno.
Por un momento, parecía que iba a reaccionar y defenderse, pero le vi hundirse un poco más, seguro que estaba convencido de que era el sentir popular, y que algo o mucho no lo habían hecho como debieran. Ese hombre parecía desesperado y comenzó a abrirse, tenía necesidad de descargarse de tanto peso: "Comprendo, no hemos sido un buen ejemplo de gobierno, hemos abandonado muchos asuntos importantes para los españoles...", le interrumpí, no podía dejar pasar la oportunidad: presidente, nunca habéis contado con los españoles, habéis hecho y dictado lo que ha convenido a su partido y a los que os mantienen con sus ayudas no declaradas..., perdone que se lo diga tan abiertamente. El presidente escuchaba con atención el reproche que le estaba haciendo, necesitaba que algo o alguien le rescatase, le diera un brazo, jalara de él, le pusiera un poco más a flote, porque aquel hombre se estaba hundiendo en su tristeza, en su pena y en su aislamiento.
Continué: Habéis gozado de todo el poder, habéis abusado de los decretazos, pero no lo habéis hecho a favor del bienestar de la gente. Habéis gobernado según lo que os han dictado los poderosos, jamás habéis consultado al pueblo. Sus ojos estaban vidriosos, a punto de derramar algunas lágrimas, estaba deshecho, deprimido, diría yo. Usted no puede estar rodeado de cientos de asesores, así como los demás miembros de su gobierno, y llevar la gestión del país tan nefastamente. Hay que comenzar por rectificar, por hacer uso de la decencia, de la honestidad, de la igualdad, de la integridad, y ser valiente para aplicarlas en las leyes. No podéis seguir regalando el dinero de todos los españoles, no podéis seguir corrompiéndose ni saqueando el bolsillo de los españoles. Hay que tocarlo todo, hay mucho por hacer.
Dicho eso, se levantó parecía que iba a salir corriendo. Con ese gesto llamó la atención de los demás invitados, que giraron su cara hacia el presidente. Todos estaban expectante, hasta aquel instante el presidente no se había movido del mismo asiento que ocupó al llegar al evento. Los demás pensarían que aquel desconocido, o sea, yo, le habría increpado. De inmediato, dos tíos con traje negro, gafas oscuras y pinganillos en las orejas me rodearon, pero el presidente les dijo que no ocurría nada, que podían alejarse. Los dos hombres de negro se alejaron de nuestras posiciones, aunque me consta que seguirían con sus ojos clavados en el presidente.
El presidente se atrevió a decir que yo me sentía seguro con todas mis acusaciones y críticas, que era fácil desde mi posición de ciudadano corriente. Mire, Sr. presidente quizás puedo ver los temas desde una distancia mayor, y sin las presiones que usted debe recibir de estamentos superiores, de empresarios poderosos, etc., pero le insisto, es un asunto de decencia, de honestidad y de no engañar a los ciudadanos. Denuncie a todos los que se entrometan, a los que le extorsionen o chantajeen, hágalo público, sea valiente, comience por poner cada cosa en su sitio, y me atreví a decirle que si en algo encontraba dudas, que me lo preguntase, que yo sí me atrevía a indicarle algunos caminos nada ortodoxos conforme al sistema mafioso y corrupto con el que están contaminadas todas las Instituciones del país. Tiene que dar golpes sobre la mesa, golpes que a muchos les parecerán disparates, pero necesarios. Aquí han venido unos y otros y han abusado, como bien sabrá usted. Comience por lo que tiene más a mano, ponga orden en la Administración Pública, adelgácela, reduzca su gasto, piensen en un salario adecuado a los gastos actuales, a los precios actuales, y que nadie en el ente público gane un salario superior al que se fije, pero en honor a la verdad, tampoco inferior... a todos nos cuesta igual precio los combustibles, los alimentos, la electricidad, Internet, los zapatos, la ropa, etc. En este asunto es fácil encontrarse con aquellos que dicen siempre que cómo va a ganar igual uno que ha estudiado diez años, y otro que no haya estudiado más que dos o tres, pues porque la compensación del que ha estudiado muchos años, es dedicar toda su vida a la profesión elegida por él... ¡Le parece poco!, el otro va pasarse cuarenta o cuarenta y cinco años a las órdenes de un jefe, haciendo aquello que ha logrado encontrar, pero que ni le va ni le viene, solo lo hace porque necesita comer, vestir y vivir, como el resto. Comience por reducir los salarios de todo el personal político y cargos públicos a un salario equiparable al de los trabajadores, pongamos por ejemplo dos mil euros, que todo el que trabaje sea cual sea su profesión y ocupación cobre igual salario. Siga por revisar cómo entraron en las empresas públicas e Instituciones, sus trabajadores. Despidan a todos los que entraron por enchufes, sin los conocimientos, y sin la formación ni experiencia propia para el trabajo a desempeñar. Abra el gobierno a la democracia de verdad, revise los resultados de las últimas elecciones y que estén en el gobierno, en la proporción de los votos obtenidos, integrantes de todos los partidos políticos, para evitar tener una cámara con 350 Diputados, y otra con 265 Senadores... ¡Menos gasto! Y ya para rizar el rizo, procure un gobierno de jubilados expertos en los diferentes temas a gestionar, que sean voluntarios, que deseen aportar para hacer una España mejor y más productiva, con mejores servicios, etc.
Cuando haya temas que afecten directamente o seriamente a la ciudadanía, que los expertos jubilados propongan acciones, y que los ciudadanos sean, mediante sus votos, los que decidan qué hacer con su dinero y hacia dónde marchar. No más dictadura disfrazada de democracia. ¡Perdone presidente, quizás he ido un poco lejos!, - Continúe por favor, es interesante, al menos expone resoluciones diferentes a las habituales, a las que se han impuesto toda la vida -.
Presidente, todo está tan corrompido, que habría que coger asunto por asunto y legislar para evitar que cada uno vaya a su bola y haga lo que quiera. Llegados a este punto, le dije al presidente que si lo creía conveniente, que me hiciera llegar un escrito con los asuntos que más urgentes hubiera que reformar, que ya le contestaría desde mi sentido común, cómo lo haría yo. Solo le había dado una pincelada que atacaba directamente a la línea de flotación de toda la estructura principal por la que nos regimos, claro, según sus leyes, y hacía falta que se tiraran piedras sobre su tejado, si verdaderamente quisieran solucionar la crisis de indecencia, corrupción y estafa al ciudadano.
Si fuera una realidad lo que escribo, tengan por seguro que tengo mis soluciones para todo lo que acontece en España y en el mundo, no sé más que nadie, solo me guio de la lógica, de mi sentido común, y de la conciencia, donde sí tienen cabida los demás. Es por ello que hay que aspirar a un sistema donde todos vivamos bien, donde nadie robe lo que no es suyo, con el que el país progrese, se haga más autosuficiente, se endeude menos o nada. Lo tenemos todo para ser personas excepcionales, educadas, decentes, responsables y amorosas. Podemos hacer algo totalmente diferente por el bien de todos. Y al concluir estas palabras, el presidente se dirigió a mí, se acercó, y con voz algo más baja me dijo: "Me gustaría contar con usted, creo que le necesitamos, tendrá noticias mía". Quedé sorprendido, y me dije que ese hombre tendría que estar desesperado. Romper lo que han establecido para su propio bien y enriquecimiento, sería un shock tremendo, habría que dictar leyes muy serias, saldrían enemigos hasta de debajo de las piedras, todos aquellos que llevan años beneficiándose del desastre gubernamental, y del abuso de sus leyes.
Seguiremos...
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