No podemos cambiar la historia, pero sí podemos no repetirla. Tantas guerras, tanto desastre, tanto horror, tanto daño y tanta sangre derramada, ¿para qué? Yo no quiero provenir de ningún pueblo bárbaro de esos, ni quiero que me comparen, o que digan eres un hombre, por tanto eres malo por naturaleza. Me niego a creerlo, me avergüenzo de que haya habido humanos con esa maldad, o de creer que ha sido necesario marchar por tal vía de terror y vandalismo para llegar a dónde supuestamente estamos, aunque todavía haya muchos que no se hayan enterado de nada, y sigan haciendo actividades parecidas a las de aquellos salvajes.
Lo hecho, hecho está, ¡valiente desgracia pesa sobre nuestros hombros!, ¡valiente horror sobre nuestra genética! No me identifico con aquellos que lo quisieron todo por la fuerza, a los que no les importaba asesinar, conquistar, invadir, robar a los vecinos, abusar de sus mujeres, incendiar pueblos o aldeas, ajusticiar, ahorcar, pasar por el acero a otros, quemar a sus semejantes por ideas preconcebidas y miedos infundados. Guerras interminables por defender unas creencias frente a la de los demás. Una historia escrita interesadamente para que unos parecieran los buenos y otros los malos. Una historia que gira alrededor de seres imaginarios que ordenaban cómo se debe vivir, qué era y no pecado, cómo debía ser el castigo, y a quién debían sacrificios, que no eran más que asesinatos sinsentido alguno que los justificara más que el propio miedo y el egoísmo.
Todos hablan de no repetir la historia, pero el mal nunca se acaba, hay quien lo propaga hacia un lado y otro, destruyendo y buscando justificaciones imposibles. Siguen los pueblos de siempre sumidos en la pobreza, ¿Por qué no avanzan como el resto del mundo? ¿Por qué no surgen industrias en esas zonas deprimidas del mundo? ¿Por qué no avanza la agricultura y la ganadería? ¿Por qué no salen de la pobreza que les ahoga y les quita hasta la vida? ¿Qué intereses mundiales hay para que haya pueblos olvidados y dejados de la mano de Dios (El todo poderoso)? Algunos sí son malos de verdad, son crueles, despiadados, vamos unos asesinos en toda regla, explotadores del ser humano, esclavistas del siglo XXI.
No puedo cambiar la historia, pero no puedo dejar de señalar y protestar para que mi conciencia no se adormezca, ni mi mente se atonte, ni me convierta en un borrego más de la sociedad. Lo sé, no debo ser cómodo porque no me callo, aunque mi altavoz es reducido, soy la gota de agua cayendo continuamente en la piedra, que aparentemente no le hace daño, pero el paso del tiempo ya dirá. Siempre que tenga la oportunidad de hablar lo haré, y siempre seguiré acusando a los poderosos que estén involucrados en casos de asesinatos colectivos, en guerras, en asaltos, en invasiones, en robos de recursos a los más pobres, en servirse del esfuerzo de los demás, en oprimirlos, y en beneficiarse de todo y de todos.
Seguiremos...
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