viernes, 27 de marzo de 2026

SIEMPRE HAY UN PUNTO DE FRICCIÓN EN LA CONVIVENCIA

 


    Cuando hablo con algunos vecinos, observo que todos o casi todos tenemos algún punto de fricción con alguien. Cuando se da una conversación en la que nos atrevemos a referir al otro nuestras vivencias en el barrio o en la urbanización, siempre aparecen roces, enfrentamientos más o menos fogosos, disgustos, etc. Me sorprende que casi todos tengamos algo con alguien... ¡será posible! Nos vamos a vivir a una urbanización, a un lugar más aislado, donde las viviendas están separadas unas de otras, y ahí nos persiguen los problemas. No sabemos convivir, unos por unas cosas y otros por otras, el egoísmo lo ponemos encima de la mesa, ignoramos al otro, lo dejamos de respetar, y creemos que podemos vivir como queramos, y no es así.

    Hablas con uno, tiene problemas con los árboles del vecino, otro con los setos del vecino. Otro todavía cree que su vecino al cercar su parcela, le cogió parte de su terreno. Otro suele poner la música muy alta. Otra se encabrona con la administradora de fincas y no vive con el seguimiento que hace de la empresa de mantenimiento, así como con lo que considera es incumplimiento de las funciones de la misma. Otros se meten en la Junta rectora, pero les falta valentía para asumir sus competencias, por lo que no atienden asuntos que debieran ser resueltos sobre la marcha, y los posponen hasta que el resto de propietarios lo decidan en una Asamblea general o extraordinaria. Cada uno somos de nuestra madre y de nuestro padre, tenemos nuestras manías y somos incapaces de contemplar en nuestro día a día que no vivimos solos, que al lado tenemos vecinos, y que en lugar de incordiarles, debemos procurarles comodidad, tranquilidad, buena convivencia. 

    Escribo de esto porque últimamente he hablado con varios vecinos y vecinas, y me ha sorprendido de todos esos asuntos que se dan sin que trasciendan, o sea, que son totalmente desconocidos para los demás, pero que es un punto de fricción de alguien con alguien, muchas veces alguien que vive en la parcela de al lado o de enfrente. Es lógico, por cercanía son las que pueden afectarse con mayor intensidad de lo que sucede al lado: ruidos a destiempo, falta de intimidad por ventanas en lugares inadecuados, y los más graves, desde mi punto de vista, las "agresiones directas", no obligatoriamente haber llegado a las manos, que también las hay, sino el vecino que se la tiene sentenciada al de al lado y le trata de hacer la vida imposible, como me refería hace unos días una vecina. Alguien le tiraba ratas muertas a su jardín y a su piscina. También le arrojaba los huesos de pollo, cuando habían comido eso. Le echó algún líquido que le secó el césped y el seto que lindaba con la casa del vecino, y no recuerdo otros muchos más asuntos tan feos como éstos o más, que me refería le había hecho su vecino... ¿a dónde vamos a llegar?

    Como se dice popularmente, vivir en algún sitio es una lotería, no sabes qué te va a tocar, igual cuando venden la vivienda de al lado, temes por lo que te pueda llegar. Y cuando decides mudarte, temes por los vecinos que te vas a encontrar. Es cuando solemos decir: "A ver si salimos de Guatemala, y vamos a entrar en Guatepeor".

    Seguiremos...

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