Imagen: www.motor16.com
A este asunto no se le presta demasiada atención, siempre nos han dicho que hay una cantidad determinada de crudo en el subsuelo, que algún día se acabará, que los vehículos se han de alimentar con otras fuentes de energía, entretanto nos hacen el cuerpo para que cambiemos nuestros vehículos por vehículos eléctricos, y el negocio para adelante, que es al fin y al cabo de lo que se trata.
Yo llevo tiempo pensando que es muy posible que parte o mucho de lo que nos venden en los surtidores puede ser un líquido obtenido en laboratorio, y no el resultado de los procesos de transformación del crudo extraído del subsuelo. Seguro que hay quien se esté poniendo las botas, mientras nos vienen vendiendo los inevitables cambios de precios a la alza por guerras, huelgas de transportes, por mayor consumo y menores existencias, etc.
Cualquier motivo es bueno para subir el precio de los combustibles, o para tratar de hacernos cambiar todo el parque automovilístico. Negocio, el negocio por delante, el negocio lo primero, ¡Mira que somos pobres de mente y falsos de corazón! Con los combustibles, tal como sucede con la electricidad, al ser materias esenciales o estratégicas, debieran estar controladas por el Estado de la nación, sin robos, sin enchufes, sin abusos, llevadas con honestidad, con el dinero de todos los españoles para el bien de todos los españoles. El Estado español debiera ser controlador único del proceso de generación de energías y combustibles para servirlos a sus ciudadanos a precio de coste, sin ánimo de lucro y libre del juego trilero antes descrito, de modificar los precios a penas pase una mosca por aquí.
Estos inútiles se están cargando la industria de los automóviles y las motocicletas, con la exigencia de diseñar y fabricar vehículos eléctricos, que casi nadie está dispuesto a comprar. No queremos la poca fiabilidad y escasa autonomía de las baterías. No queremos ni podemos hacer un viaje parando cada doscientos o trescientos kilómetros porque no tenemos carga en las baterías de nuestros coches, y tener que esperar horas a que adquieran algo de carga para continuar el viaje. No queremos pagar por un coche mucho más fácil de construir, con muchas menos piezas que un coche de combustión interna, y tener que pagar por él mucho más de lo que cuesta uno de combustión interna. No queremos ser timados con el cuento del medioambiente y la agenda 2030, algún día a ver si se atreven a explicar los cambios climáticos sucedidos en la prehistoria, a qué se debieron, si había mucho CO2 en la atmósfera, o qué.
Seguiremos...
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