Algunos elegimos conducir moto por agilidad en la ciudad ante los embotellamientos, por facilidad a la hora de aparcar, por sensación de libertad o, sencillamente, por sentirnos más vivos. Ir en moto no está exento de peligro, yo diría que hay que estar un poco más atento, y podríamos decir que se incrementa algo más el riesgo y las consecuencias de los errores de la conducción tuya y de los demás.
A pesar de lo expuesto, algunos nos decantamos por la moto, porque este medio de transporte te hace sentir más joven y más vivo, perdonen que insista en ello. Es como sentirse enamorado de tu medio de transporte, valoras cómo suena, cómo acelera, la sensación de rapidez que te aporta, de hecho no en vano el lugar de parada indicado para motos está al frente del tráfico en los semáforos de las ciudades. Eso sucede porque se reconoce que la salida de una moto, incluso de las más pequeñas, suele ser más veloz que la del resto de automóviles.
Reconozcamos algunos de los inconvenientes o incomodidades, que la moto también los tiene. Has de ir cargado con casco, guantes y chaqueta de moto, lo que te obliga a llevar cofre en la moto, y si no hay suficiente espacio de almacenamiento, has de cargar con algunos de esos complementos cuando realizas gestiones. A ponértelos y quitártelos tras cada parada o gestión. Si usas gafas, te las has de quitar para enfundarte el casco, así que es un quitar y poner gafas, continuamente. Si llueve, ni digamos, la visibilidad se reduce, la peligrosidad aumenta, el agarre de los neumáticos disminuye, y hemos de circular con mucha mayor atención y mejor control del acelerador. La incomodidad es superior, y es obligatorio llevar un buen traje de agua, porque de lo contrario el agua se introducirá por las cremalleras y costuras o uniones, llegando a terminar empapado. La entrepierna se te moja sí o sí, no sé cómo remediarlo, esas uniones, en la mayoría de los pantalones que he usado, son defectuosas con lluvia fuerte e insistente, aunque aparentemente estén en buenas condiciones.
Ir en moto es más delicado con suelo mojado, con grava sobre el asfalto, con ciertos socavones y grietas profundas en la calzada, no digamos con aceites vertidos en la carretera, circulando sobre las señales pintadas en la vía o sobre alcantarillas metálicas cuando está lloviendo.
Aún todo lo dicho, voy en moto, prefiero la moto al coche, igualmente, por todas las ventajas expresadas anteriormente. Es una gran satisfacción tener tu moto en buenas condiciones estéticas y mecánicas, meter la llave, escuchar la redondez de su motor, dejarle que caliente unos minutos antes de iniciar la marcha, haber comprobado los niveles de agua refrigerante, de aceite y las presiones de inflado de los neumáticos, al menos antes los grandes trayectos, las rutas que hacemos semanalmente, y con esa tranquilidad montarte... es como si cada día la estuviera estrenando... lo sé, estoy enamorado de mi moto.
El negocio de los políticos nos quieren impedir que sigamos disfrutando de las motos como son ahora, nos quieren hacer cambiarlas por motos eléctricas, pero no es lo mismo, ni queremos. Necesitamos oírlas rugir, no quiero decir que tengan que sonar de un modo estridente, nada de eso, al menos en mi caso, pero no quiero una moto "muerta", sin alma. ¡Viva la moto!
Seguiremos...
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