Desde hace años he querido reunirme con mis amigos de la infancia, con las personitas que nos veíamos cada día en la misma calle, que incluso fuimos al mismo cole del barrio, y con los que tantas horas, juegos y vivencias hemos compartido. Se daba la siguiente peculiaridad: que yo había seguido teniendo contacto con cada uno de ellos, pero que Eliseo había perdido el contacto con Antonio y, por supuesto, Antonio con Eliseo.
Ha costado poder reunirnos, no ha sido fácil tener disponibilidad para vernos, pero al fin lo hemos conseguido, los tres pasamos el día de ayer en Aracena, un centro de energía mágico del que ya no cabe hacer más publicidad para que no sigan acudiendo más visitantes, pues ya está bastante concurrido, tal vez más de lo que muchos quisieran.
Aprovechamos esta semana de tregua de la climatología que hemos tenido en las últimas semanas, y el viernes era un día que nos venía bien a los tres. Eliseo pasó con su flamante Fiat Estilo de 20 años, muy cuidado, siempre en garaje, brillo casi de concesionario, pocos kilómetros... ¡una joyita! y nos fuimos a desayunar a La Rinconada, a la cafetería La Toscana. Dimos buena cuenta de sendos panes integrales, a los que les pusimos aceite con ajo y un buen chorreón de salmorejo, que nos pareció estar en la gloria. El servicio deja algo que desear, es cierto que estaba casi lleno, había demasiado público al que servir, y el personal estaba un poco aturrullado.
Una vez los estómagos satisfechos, subimos al vehículo y retomamos el viaje para encontrarnos con nuestro amigo Antonio en su pueblo de adopción. Tiene vivienda en Sevilla, pero su hijo "lo ha echado" y ha preferido irse a su rinconcito en Aracena antes que dormir debajo de un puente, y desde luego que ha acertado... ¡maravilloso pueblo! ¡Encantador lugar!, y ¿Dónde dejamos a mis amigos? - Allí, donde no se pueda nombrar, en el sitio que nadie conoce, que nadie alcanza a describir, en el lugar más esencial, por eso se suele decir: "Amigos del alma". Amigos de lo más profundo de nuestro ser. Amigos que fuimos descubriendo el mundo poco a poco, y juntos desde nuestra infancia.
El encuentro no pudo ir mejor, Eliseo y Antonio de inmediato comenzaron a hablar de sus colecciones de comics y tebeos, de recuerdos de infancia, y paso a paso se fueron poniendo al día. Yo les escuchaba con atención mientras disfrutaba del sol y el paseo. Escogimos una subida hacia el castillo, era un camino estrecho que va dejando a nuestras espaldas al pueblo y nos va adentrando en el monte, a la izquierda van quedando algunas casas aisladas, a nuestra derecha la subida, el monte, el verde, una vegetación frondosa, de verde intenso, las ortigas verdes flanqueaban todo el camino empinado de piedras por el que ascendíamos lento, pero sin pausa hacia el castillo y sus alrededores, convertidos en un gran mirador de casi 360º desde el que se puede ver toda la cuadricula de Aracena que conformaban sus calles y sus casas, así como la serranía de sus alrededores.
Antonio y Eliseo continuaban hablando de sus vidas y de sus cosas, yo aprovechaba para hacer algunas fotos desde allí arriba, donde las vistas eran maravillosas. Eliseo añadió de repente: "Qué buen sitio para hacer parapente", pues ciertamente, había un extremo de aquel mirador improvisado, que daba hacia un vacío impresionante, de tal manera que saltar desde allí sería fantástico para planear sobre toda la sierra que acompaña a la población de Aracena.
Decidimos bajar al pueblo y Antonio nos llevó a un bar donde refrescarnos con unas cervezas de aquel acto de senderismo en el que se convirtió la subida al castillo, con el deleite de una magnifica compañía, de una conversación tan interesante, el refuerzo de nuestra amistad y unas vistas tan maravillosas. Caminamos por las calles de Aracena, Antonio nos presentó a su librera preferida, Eliseo recordó una vivencia que tuvo en el pasado en el Casino de la plaza, vio unos panes y algunas cosas que deseaba llevar de vuelta a su casa, y nos marchamos al bar donde nos dispusimos a almorzar. Antonio pidió un arroz con costillas y langostinos. Eliseo pidió Hígado aliñado y presa con patatas fritas. Yo pedí mi clásico plato de revuelto de gurumelos. Eliseo probó todos los platos e hizo gala de un refinado paladar, a tal punto que era capaz de verificar calidades de los productos utilizados, aceites con los que habían sido cocinados, terminación, cocción del arroz, etc., tanto, que nos dejó fascinados. Conclusión... para la próxima vez que nos viéramos, debiéramos cambiar de establecimiento, su máxima fue: "Usan productos de calidad, pero están mal elaborados, y el servicio es malo".
En un local junto a la Plaza tomamos café acompañado de unos pestiños. Eliseo entró en un comercio muy reconocido de Aracena a comprar dulces y algunos tipos de panes. Antonio nos acompañó a donde habíamos dejado el coche, nos despedimos, nos prometimos repetir futuros encuentros tanto allí como en Sevilla cuando pudieran tener lugar, nos abrazamos y aún hoy son más amigos del alma de lo que ya eran para mí. Gracias amigos por el fabuloso día de ayer.
Seguiremos...
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