Un amigo me dijo hace unos días que yo solía hablar mal de todos los políticos. Le contesté que sí, que lo hago de casi todos, suelo generalizar sin particularizar casi nunca, pero tengo muy mala opinión de ellos, debido a su forma de actuar, a su forma de gestionar, a su forma de manipular, a su forma de mangar, etc.
Los políticos se han constituido en un colectivo al margen de la ciudadanía, para vivir a costa de la misma, para incidir en nuestras vidas, en todos los planos de la misma sin el menor consentimiento, con el mayor descaro y abuso, jamás nos consultan nada aunque la Constitución diga que la soberanía reside en el pueblo, o que es un Estado democrático y que existe la figura legal del referéndum.
En el día a día, vemos que los señores políticos, los que dicen representarnos, solo se representan a sí mismos, a sus partidos y al montón de negocios oscuros que van realizando mientras se les supone estar trabajando para la gente. Hacen y han hecho cantidad de movimientos contrarios a los intereses de la sociedad española, han vendido cantidad de empresas públicas rentables, se han hecho cargo de cantidad de deudas y pagos que no nos correspondía asumir, con tal de congraciarse y tejer un futuro que solo ellos conocen, con diversas organizaciones empresariales, muchas de ellas previamente privatizadas. Han realizado cantidad de operaciones de urgencia alrededor de cualquier tragedia sucedida, con tal de rebañar algunos cientos o miles de millones. Se han convertido en una organización criminal para delinquir, tal como ha reconocido algún que otro juez valiente, pero aún así, los castigos a tales ruines acciones cuyos autores han sido políticos con cargos relevantes nunca han llegado a ser ejemplares y contundentes. Jamás se le ha reclamado a ningún ladrón o defraudador de primera, de esos de cuello blanco, que devolviese lo robado o defraudado, jamás se les ha impedido recobrar su libertad si no lo hubieran hecho (devolver lo robado o defraudado).
¿Cuántas veces han oído prometer cosas a los políticos que, una vez alcanzado el poder, nunca cumplieron? Es lo habitual, son todos, bueno casi todos, una banda de delincuentes y cómplices, porque callan y no denuncian, les importa un pimiento que se hunda el barco porque saben que solo habrá botes para ellos. Ellos van trepando de un cargo de partido a un cargo en un Ayuntamiento, a otro en la Diputación, a otro en el Congreso, a otro en el Gobierno, a otro en el Senado, y al final a otro en alguna empresa de amiguete, de esas que antes pusieron en sus manos mediante la correspondiente privatización, o de esas a las que concedieron millones como ayudas a fondo perdido, cuando gobernaban.
El interés de casi todos los políticos es vivir de la gallina de los huevos de oros que supone el dinero de los ciudadanos, para ellos sacar un pastizal. Lo hacen por la derecha, por la izquierda, y sin que podamos darnos cuenta de lo que hacen. Son trileros, ilusionistas, te hacen ver lo que quieren, pero ocultan la verdad, son la fábrica del fango con la que tanto señalan a los que disienten de sus bulos. Los políticos suelen mentir y mucho, no son nada transparentes, les va en el cargo y en el juramento, hasta los consejos de ministros son secretos... ¡Se ha visto algo igual!
El asunto social en manos de estos inútiles e ineptos es la travesía de un barco fantasma sin nadie al timón, nunca se sabe cuál será el instante en el que se estrelle contra un acantilado, o vaya a encallar. Esos incapaces se hacen millonarios mientras viven muy por encima de las posibilidades reales del país, de modo que nos dejan tras cada legislatura más y más endeudados, y con menos soberanía, pues la están fraccionando en participaciones de deuda que son compradas por grupos de inversiones extranjeros. Vamos camino de ser colonia de algún país o nación.
Seguiremos...
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