Esta foto no pertenece a esta escapada.
Con el tiempo tan cambiante que tenemos, cualquier clarito es bueno para hacer unos kilómetros a lomo de nuestras monturas de dos ruedas, y quitarnos "el mono". Este sábado no fue una excepción, así que improvisamos en tiempo récord una escapada que resultó una mini salida por los motivos que a continuación os cuento.
Salimos de la urbanización a las 11:20h aproximadamente, condujimos por A-4 dirección a Carmona para dejar la A-4 en su salida 514, por SE-3201 dirección a El Viso del Alcor. Esa carretera es divertida, estrecha, curveada, y apenas comienza a transitarla pasas junto a las mismas puertas del nuevo Circuito de Velocidad, en el que por cierto varios pilotos estaban entrenando y el rugido de sus motos alcanzaban nuestras posiciones.
La idea era llegar a la localidad de El Viso del Alcor, atravesar dicha población a tráves de la SE-3200 para dirigirnos tras cruzar la A-92 a Utrera por la vía A-8100. Esta última ya la tomamos por primera vez en una de las rutas anteriores, y recuerdo nos dejó muy buen sabor de boca. Una carretera secundaria de las de nuestro gusto, de las que solemos elegir siempre que las rutas y los destinos pretendidos nos lo permiten.
Cuando llegamos al punto en el que debíamos atravesar la A-92 para incorporarnos a A-8100, nos sorprendió un fuerte viento y una abundante lluvia. Miramos al fondo, hacia donde nos debíamos dirigir, y el cielo estaba totalmente cerrado de un gris que asustaba, por allí debía estar cayendo la monumental, como se suele decir coloquialmente, así que decidimos volver hacia Sevilla por A-92, pasando junto a Alcalá de Guadaira, entrando en la SE-40 para pasar a A-4 y de nuevo a casa. En SE-40 volvimos a sufrir el fuerte viento ya habitual de esta carretera, es así hasta cuando no sopla el viento... ¡Todo un milagro!
Eso fue todo, ahí se acabaron los kilómetros, nos conformamos con el rato echado, con la charla a través de nuestros intercomunicadores, con el placer de nuestra amistad, y con el eslalon continuo al que nos obligaba el fuerte viento, que a mí personalmente me resultó un ingrediente necesario y divertido para compensar la baja velocidad de la travesía por las malas condiciones de algunos de sus tramos y la precaución que debíamos observar por el suelo mojado y las continuas rachas de viento lateral. No hice fotos como cuando salimos a carretera de sierra, pues todo lo que nos rodeaba eran campos de cultivos, prácticamente carecía de elevaciones o irregularidades en la orografía, pero nos conformábamos con ver el tapiz verde que componían los diversos cultivos que venían creciendo.
Seguiremos...
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