Imagen: www.epe.es
¡Qué miedo teníamos de que se nos convirtiera Andalucía en un desierto! ¡Cuántas veces nos lo habían dicho! Llovía poco, los veranos eran calurosos, las altas temperaturas secaban la tierra y hacía sufrir a la vegetación, y nos lo creímos. Pero llegó la estación de lluvias, y esta le ha cogido cariño a nuestra tierra, la gente comienza a hablar de un parecido con Galicia.
Ha caído agua para dar y regalar, se han inundado campos y carreteras, ha habido desprendimientos de laderas que bordean las carreteras, se mantienen cortados al tráfico muchos tramos de las mismas. Se han llenado los pantanos y embalses, tenemos agua para varios años, hay vida, hay verde, todo el paisaje se ha vestido de color hasta perderse el marrón del piso, todo es verde allá donde mires.
Ha reaccionado el Planeta, llueve para regenerarse, llueve para limpiarse, llueve para decir: ¡Estoy vivo! Habíamos minusvalorado a nuestro globo terráqueo como ser vivo que es, y ha dado una respuesta necesaria..., generosamente ha cedido el elixir de la vida para todos los seres vivos, lo hace sin distinción, sin discriminación y con total bondad.
Hay un dicho: "Nunca llueve a gusto de todos". Egoístamente a unos les vienen las lluvias mejor que a otros, pero esta justicia si que es ciega, se imparte sin tener en cuenta cuáles sean las condiciones de unos u otros, cuáles sus deseos o prioridades. El Planeta estaba sediento y todo se ha conjugado para paliar esa sed, para que la vida surja con mayor fuerza, ya solo queda que ciertos malvados se den cuenta que están llevando a cabo acciones contrarias a la vida, y que deben rectificar. No puede ser un objetivo aceptable terminar con la vida de otras personas y otros seres vivos. El Planeta nos surte de vida, y otros están empeñados en acabar con buena parte de ella.
Seguiremos...
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