Imagen: www.casapais.org
Lo entiendo como que todo está
bastante pervertido porque todos buscan dinero, un medio de vida, lo que hace
que todos tengan que hacer o decir algo con lo que pueden no estar de acuerdo,
pero el que paga le obliga a hacer o decir. El dinero vuelve a estar en medio
de la escena, un papel, un trozo de metal, un apunte contable en alguna entidad
bancaria, a eso se resume toda la intranquilidad y la lucha de todos por poder
tener lo que desean, o lo que necesitan, y las dos cosas a la vez.
No entiendo esta sociedad, no
estoy hecho para ella, más bien me siento al margen de los intereses que vende
la misma. Solo hallo paz en el silencio de mi soledad, lo de afuera perturba la
paz: un ruido ajeno, los vehículos que circulan dando grandes acelerones, la
música estridente del vecino, los martillazos de otro vecino, la maquina de
cortar el césped del de enfrente, o del de al lado. El mundo se ha convertido
en un ente de vicio y ruido, en una gran farsa, en una estafa protagonizada por
algunos hombres y mujeres sin conciencia, malvados y corruptos.
Me he sentido fuera de lugar
muchos años de mi vida. He llegado a adaptarme, pero no sin hacer un gran
esfuerzo al principio, no sin hacer un gran gasto de energía y derrumbarme
ciento de veces. No sin creerme enfermo en el pasado y al límite de la muerte,
al menos, así me sentía entre ataques de ansiedad y las correspondientes
taquicardias. Lo de fuera no se correspondía con lo que sentía y anhelaba,
esperaba algo hasta que aprendí que ese no era el camino. Entonces comencé a
transitar dando cuanto podía y no esperando nada de nada ni de nadie, y todo
comenzó a ir mejor, comencé a sentirme mejor conmigo y con los demás. Aún había
una distancia, hasta que comprendí que somos lo mismo en esencia, y que casi
nadie tiene culpa de mostrarse como se muestra hacia fuera. Hay factores
aprendidos y genéticos que nos han definido en parte de nuestras vidas, salvo a
los que nunca se enteran de nada, y lo demuestran toda su vida, son esos que
reivindican ser de un modo y que nadie les va a cambiar, su orgullo y soberbia
les impide transformarse, cambiar. No se han enterado de nada, no han visto
otra cosa, se dejaron programar y viven de esa programación, no se abren a la
experimentación, o a contemplar que quizás estén equivocados. No atienden los
avisos del daño que provocan a otros por su forma de ser. Quieren que se les
acepte tal como su rigidez le permite, y lo exigen.
Bueno, otro día comentamos más,
que tengo que hacer algunas cosas. Un abrazo muy fuerte y que tengas un formidable
día.
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