Imagen: theobjective.com
Soy de los pesimistas en este apartado, creo que los políticos nunca van a ser la solución a los problemas de la gente, ni van a procurar el bienestar de la gente, ni van a tratar de conseguir que el país prospere cuanto más mejor. La razón es muy fácil, para ello hay que preocuparse por la gente, por cómo vive, por lo que padece y sufre, en definitiva te ha de importar el otro, y los políticos no dan muestra de ese nivel humano necesario y suficiente para que sea una realidad. Ellos no tienen esos objetivos básicos de cualquier servicio público, favorecer, facilitar la vida de los ciudadanos, y lograr incrementar su bienestar. Al mismo tiempo, hacer las inversiones necesarias para industrializar el país, que se investigue, que se invente, que la tecnología se dispare, que se hagan muchas patentes, que seamos pioneros en ciertos procedimientos industriales, en productos, etc.
Como digo, para todo eso, es imprescindible ser avanzado en humanidad y no en avaricia. Para conseguirlo se ha de ser un gran respetuoso de lo que es de todos y de todos los ciudadanos. Hay que ser una persona de otro nivel, tiene que importarle lo que le suceda a los otros. Tiene que desear para los otros lo que quiere para sí mismo. Por último, ha de ser capaz de amar a los otros. Nunca me cansaré de difundir estas tres máximas, porque no hallo otro modo de ser útil a la sociedad, a los demás, a uno mismo y al país. No sé de otra manera de prosperar, de ser honesto, de no robar ni un euro, de no desviar ni un euro, y de emplearlo solo en aquello que se considere necesario, siempre para tratar de conseguir lo dicho: el bienestar de la gente y el progreso del país, que desde mi punto de vista es lo que da sentido a la vida política de verdad, y no al sucedáneo que nos llevan sirviendo en los platos desde hace siglos.
El egoísmo y la avaricia hay que dejarlos en casa para hacer un buen trabajo político. La coherencia, la integridad y el respeto por uno mismo y por los demás son imprescindibles para lograr triunfar en política y estar a los mandos del timón del barco, convertido en símil de nuestra sociedad. El placer y la paz interior que da hacer las cosas con el corazón y pensando en dar felicidad y bienestar a los demás, es una satisfacción de la que se están privando los chorizos que han llegado a la política del país, con la sola intención de hacerse millonarios ellos y sus familias, así como dar empleo de varios miles de euros a los allegados de los que cogen un sillón de poder.
Hay un placer que nace en el interior del cuerpo que se lo están perdiendo, por ser tan miserables, tan abusadores, por despreciar tanto a la gente, por distanciarse tanto de la gente, y por tener que llegar a temerles tanto, pues no tienen la conciencia tranquila. No pueden mostrarse en público si no son actos concertados con los suyos para asegurarse el aplauso y no el abucheo, que es lo cotidiano cuando se muestran en cualquier vía de nuestras ciudades. No van a esperar putearnos y que les riamos las gracias.
Seguiremos...
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