En la línea de los anteriores escritos referidos a mis leyes, voy a abordar también, en lo mollar, lo que considero debe cambiar en la Ley de Instituciones Penitenciarias. Para nosotros, en confianza, las cárceles, como toda la vida se le ha llamado, y los que entran, salvo por error, son presos y delincuentes.
Considero que los delincuentes no deben suponer un gasto a la sociedad, al resto de ciudadanos honrados que cumplimos con las leyes, y no cometemos atrocidades, salvajadas, no asesinamos, no violamos, no robamos, etc. Para que ello sea posible, todas las cárceles se deben transformar en centros de trabajos, en industrias, donde todos los presos deban cumplir un horario no superior a las ocho horas reglamentarias, y todos en su categoría laboral, por experiencia o méritos deban percibir un salario semejante al del mercado laboral externo. Dicho salario, se dividirá en tres partes iguales, una de ellas destinadas a la manutención del reo, otra parte para la familia del reo, que igual ha quedado desamparada, y una tercera parte para ir zanjando la deuda o daño que el delincuente haya cometido con la sociedad o terceras personas. Como ahí tiene trabajo, es evidente, que el preso solo puede llegar a recobrar la libertad cuando haya resarcido del daño a su víctima o familiares de la misma. Por supuesto, el que haya quitado la vida a alguien a sangre fría, premeditadamente, etc., no habiendo sido el resultado de un accidente desafortunado, sino que se demuestra que hubo intencionalidad o negligencia, no podrá recobrar la libertad nunca, como su víctima que lamentablemente no volverá a disfrutar de la vida, de sus amigos, de sus familiares, etc.
Las cárceles no pueden parecerse a paradores nacionales con piscinas, canchas para hacer deporte o gimnasios, pues ya desarrollan actividad física en el trabajo diariamente. No puede asemejarse a un lugar para pasar unas vacaciones donde emborracharse y drogarse. Cualquier funcionario o agente policial que permita la entrada de alcohol o droga en el centro penitenciario, será despedido de inmediato y no podrá percibir ni un euro del Estado ni de ningún ente público, incluida la pensión de jubilación cuando llegue la edad de solicitarla, ésta le será denegada. Así sabrán todos los cargos públicos, lo que se juegan con una conducta delictiva y corrupta.
Ahora sí estaría justificado que al terminar una condena, si se empleó el tiempo suficiente trabajando y dado de alta en la penitenciaría, se cobre el tiempo de desempleo que la ley para tales casos indique, pero en la justa medida en que lo pueda percibir cualquier otro trabajador que pierda su empleo. O sea, que si acumuló suficiente tiempo para tener paro, lo tendrá, y si no fue así, pues ¡hala, a la calle!
A los delincuentes reincidentes también habrá que pararles los pies de alguna manera, y para ello se me ocurre, que la primera vez que roban tienen el tiempo o sanción correspondiente, pero la segunda vez, se debe duplicar el tiempo y la sanción, la tercera vez, triplicar, y a partir de ahí, una cuarta vez significaría una cadena perpetua, es un peligro para los demás, y ya no sale jamás en libertad, a producir en la cárcel hasta sus últimos días... ¡Hay que limpiar las calles de mala gente!
Sé que ni esto es una ley ni nada por el estilo, ni yo me arrogo el papel de un magistrado o un experto en leyes, pero creo que aplico el sentido común, trato de poner las cosas en su sitio, aquellas que la mafia ha dejado como mejor les conviene para la obtención de votos y la manipulación que precisan ejercer sobre la población, así que creo haber extractado el fondo de lo que a mi parecer es necesario modificar para construir una sociedad distinta. Con ese criterio es con el que estoy escribiendo cada día mi modelo de ley aplicada a diversos entornos de nuestra sociedad, sobre todo, porque algunos podrán descubrir que se puede proyectar algo diferente, tal vez más efectivo, y que a los políticos no les interesa, pero como yo no tengo más intención que mejorar el ambiente y la seguridad social, pues me atrevo con ello.
¡Feliz sábado a todos! Ya se me ocurrirá cuál será la próxima ley con la que me atreva, seguramente la corrupción, los delitos de los hombres de traje y cuello blanco... ¡Ahí hay tela que cortar!
Seguiremos...