Ya me dirán qué significa este día, todos solo esperamos levantarnos y que nos hayan sorprendido con algún regalo. Lo que hace evidente es que todos estamos en mayor o menor grado programados para que se hagan gastos, con tal de provocar una ilusión pasajera. Vivimos para el momento en que nuestros hijos pequeños o nuestros nietos abran la puerta del salón, donde se encuentran amontonados, lo digo no por el desorden, sino por el volumen de regalos, y ver su cara de satisfacción y sorpresa ante tal montón de paquetes de todas formas y tamaños que están debidamente envueltos por la santa paciencia de sus autores, los supuestos reyes magos.
Desde pequeño, nuestros padres nos agasajaron de regalos, claro, cada uno dentro de sus posibilidades y criterios, porque a veces hemos pedido cosas para ellos inalcanzables económicamente, o que han creído era un mero capricho que lo iba a usar el primer día y lo han cambiado por otro, diciendo que el rey se habrá confundido al dejarlo. Este día así mirado tiene su aquél, pero llevamos toda la vida imitando el modelo que nos han servido, y los que no tienen bastante con eso, adoptaron también el de Santa Claus, en 24 de Diciembre... ¡No tenemos arreglo! Y los comercios más contentos, vengan Black Fridays, Reyes, Papás Noeles, el día de la calabaza, del truco o trato, perdonad, no lo estoy haciendo adrede, no me sale en este momento cómo se llama esa otra fiesta adoptada y foránea. ¡Qué curioso!, a todo esto de la diversión, las festividades inventadas y venidas de fuera, etc., nadie les llama fiestas invasoras, como sí hacen con las especies vegetales no autóctonas.
El caso es que por un tema u otro, hay que estar preparando la cartera continuamente debido a la competencia feroz de las empresas con necesidad de vender cada día, cada mes y cada año, más. Después nos plantan los días de la rebaja, los ochos días de primavera del El Corte Inglés, El verano ya está en El Corte Inglés, Los días de descuento en tal o cual línea de productos: electrodomésticos, el mes de las gafas, material escolar, el turismo, los viajes, etc. Y a todo eso le añadimos la gran desgracia que tenemos que soportar por parte de los espacios publicitarios en todo momento, hagamos lo que hagamos, en los escaparates, en las vallas publicitarias en carreteras, en las ciudades, interrupciones infinitas en espacios de radio, televisión, videos en Internet, paginas web, ya os digo, hagamos lo que hagamos... ¡Qué gran pena, qué gran miseria!, desde mi punto de vista. Y esto viene a coincidir con lo que defiendo, aunque casi nadie lo entienda: que el dinero es innecesario, y que se puede plantear vivir en sociedad sin que haga falta este aspecto diferenciador, distanciador, y hasta excluyente. Ahora no os daré la chapa con este tema, que muchos de los que me leéis ya conocéis, lo dejo para otro momento, pero a mí no me podrán hacer ver algo distinto, pues cuando uno por las razones que sean, para no presumir de nada, pues no tengo nada de lo que presumir, lo ha visto y entendido, no hay vuelta atrás.
El tema es que aquí me encuentro escribiendo de esto, mientras me espera, que aún no he burlado la seguridad del salón, como todos los años: dos mesas, un sofá y un sillón repletos de cajitas de todos los colores y tamaños, mérito que hay que atribuirlo a mi esposa, porque si por mí fuera... Menos mal que es ella la que se encarga de ir a decenas de comercios y buscar lo que cree nos gustará a los demás, porque de lo contrario, el día de Reyes no estaría en casa tan potenciado como está, yo soy una persona aburrida desde la perspectiva social convenida y comercial.
Para terminar, solo me queda desearos un magnifico día, como los del resto del año, y si os han obsequiado con algo, demos las gracias a los que hacen posible que lleguen los regalos: a tu pareja, a tu hijo o hija, a tus suegros, a tus amigos, y a los chinos que seguro habrán traído la gran mayoría de ellos.
Seguiremos...
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