Parece que cuando legislaron entró en conflicto el asunto de los perro de caza y el otro asunto, el bienestar animal. Después de haber visto ciertos comportamientos y ciertas escenas, algunas de ellas dantescas, creo comprender por qué se les excluye de la ley, y no tienen derecho a ser protegidos.
Había que dejarlo fuera de la ley porque el perro de caza puede estar todo el día encerrado en una perrera, pues en muchos casos el cazador solo se acuerda de sus perros cuando llega el domingo y se va a ir al campo, ¿Qué preparación física tiene ese animal para llevarse todo el día corriendo de un lado para otro? ¿Cómo se encuentra un animal de reala, que se ha llevado toda la semana enjaulado, cuando le obligan a seguir animales en pleno monte varias horas seguidas, atacando poniendo su corazón a doscientas pulsaciones o más, a punto de un infarto, de un desfallecimiento, a veces perdido tras seguir al objetivo varias decenas de kilómetros. Se salen de las fincas donde se hacen las monterías, abordan las carreteras poniendo en peligro a los que circulamos por las carreteras de montaña y a ellos mismos, nos encontramos con perros agotados, tirados por los bordes de las mismas, deambulando aturdidos, cruzando la carretera de un lado a otro, ¿Esto da lo mismo a las autoridades? Será porque son aficionadas al rifle y a todo lo que esto conlleva, la vida de los que pasen por allí y la de los animales, les importa un pimiento.
Por otro lado, tampoco se podían incluir en la Ley de Bienestar animal a los perros de caza porque como muchos sabemos y hemos podido ver físicamente, cuando el perro desobedece, no lo consideran apto para la caza, puede tener un final muy cruel. He visto perros de caza colgados de una rama de un árbol y abandonados, vamos ahorcados. He visto perros a los que han disparado por no dar la talla como animal de caza, o debido a las exigencias o al cabreo de su dueño, aunque podría haber tenido una vida llena de gozo y placer en otras manos. Sabemos de perros de caza que los han dejado atados en el arcén de alguna carretera, otros muchos se pierden definitivamente, como sucede con frecuencia con los galgos, y como no les ponen los preceptivos chics, pues no hay forma de localizar a sus dueños. Como ocurren todas estas barbaridades en el peor de los casos, aunque haya otros cazadores que cuiden muy bien a sus perros, que los habrá, los perros de caza había que excluirlos de la Ley de Bienestar animal. Y sin entrar en la alimentación, pues ahora hay muchas ventajas con los piensos secos, pero antaño, los animales de caza y guarda de cortijos, eran "alimentados" principalmente a base de mendrugos de pan duro y cuatro sobras, que todos lo sabemos. Ya nos dirán qué cuidados son esos, y qué se podría esperar de animales mal alimentados, con carencias, sin el cariño y atenciones necesarias. Así que ya podemos imaginar qué futuro les esperaba en esas condiciones. Los galgos eran esqueléticos, ya sabemos que son perros finos, pero por ser atléticos, no porque estén desnutridos para mantenerlos delgados... ¡Qué energía podía tener un animal así!, se consumía en cada carrera, corría a costa de su salud y de su musculatura, que se embebía con cada esfuerzo.
Los animales que se han excluido de la imperfecta ley, de esta pantomima legal, son aquellos que por intereses de ciertos individuos degenerados e indolentes, había que excluir. Igual sucede con los toros y su bochornoso espectáculo, en cuanto al daño que se le produce al animal más el asesinato final. No estoy en contra del toreo, pero sin hacerle ningún daño al toro, ni siquiera ponerle la divisa de la ganadería. Toreo como arte y de vuelta al campo, eso sí es amar el toreo y al toro. Por otro lado, de nuevo por intereses, no habla nada la defectuosa ley de bienestar animal, del bienestar de aquellos animales capturados en el mar, dejados asfixiarse en los barcos, tampoco dice nada de los millones de animales engordados a pesar de la salud del animal, destinados a ser asesinados en mataderos... ¡que son animales igualmente! ¡Ah!, ahí entran las cosas del estómago, y como nos toca a casi todos, ni mu al respecto, esos no son animales, esos no tienen derecho al bienestar ni a la vida, que con la industria de la alimentación hemos topado.
En honor a mi amigo Jorge y a su mujer Carmen, dos grandes amantes de los animales.
Seguiremos...
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